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7 de septiembre 2012 - 23:22

Kirchneristas, presentes en el Día de la Independencia de Brasil

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A machete había que entrar al Palacio Pereda, residencia de la Embajada de Brasil, en la calle Arroyo. Es que el viernes al mediodía, cerca de 1000 personas colmaron los salones de esa mansión para celebrar otro aniversario de la fiesta patria de la República Federativa del Brasil. 

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Una selva humana, tan espesa como el impenetrable amazónico, trataba de hacerse oír y, con buena suerte, cazar algún canapé. Por una cuestión de logística, colapsada ante el aluvión, solamente circulaba lo sólido: para las caipirinhas había que atravesar correntadas de uniformados (nunca se pierden estas fiestas), buena parte de los diplomáticos extranjeros acreditados en esta ciudad, alguna que otra viuda de la política de la era pre-K, y mucho brasileño (que nunca hablan en voz baja) y allegarse ante alguno de los dos bares que expedían ésas y otras libaciones a base de casasha. Afuera, llovía a baldazos y el jardín recién acomodado, con pasto y diseño nuevo, más las imponentes terrazas del palacio, vedadas por la lluvia, se apreciaban con la ñata contra el vidrio. 

Había que atravesar esa selva de invitados para saludar al dueño de casa: el embajador Enio Cordeiro, cuyo nombre algunos meses atrás sonó fuerte para reemplazar al canciller Antonio Patriota, saludaba a sus convidados en los salones de arriba. La plana mayor de la representación diplomática brasileña, en ordenada fila, había hecho lo propio con cada uno de los invitados al momento de atravesar el porche. 

Como es tradición, el Grupo Brasil, la entidad que reúne a las empresas radicadas en la Argentina, se hizo cargo de parte de los gastos de los fastos de la Embajada para el Día de la Independencia. Pero hubo otra tradición, kirchnerista, que en la fiesta del viernes se discontinuó: ese maleficio de ausencia (de funcionarios del gobierno haciéndose presentes para este tipo de fiestas, una constante en los últimos años) fue exorcizado con la presencia de Carlos Zanini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Arturo Puricelli, ministro de Defensa, y en representación de la Cancilleria, su Numero Dos, Eduardo Zuain, además de Marcelo Giusto, jefe de gabinete de Cecilia Nahon, la encargada de las relaciones económicas internacionales. 

Mientras que el Chino Zanini departía con algunos periodistas y corresponsales brasileños, el titular de Defensa escuchaba pacientemente a Beatriz Nofal (la ultima titular de la Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones, ahora disuelta) referirse al futuro del Mercosur. Cerraban filas al lado de Puricelli, el secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Oscar Quattromo, junto con el general César Milani, subjefe del Estado Mayor General del Ejército, además del agregado militar de la Embajada del Brasil. 

Las "saudades" de Nofal sobre el Mercosur despertaron en Puricelli otras referidas a la Industria Militar argentina: por eso recordó los contratos firmados entre la Fábrica de Aviones Brigadier San Martín (Fadea) y la brasileña Embraer para la fabricación conjunta de aeronaves. El acuerdo compromete el envío de aeropartes fabricadas en los talleres cordobeses de Fadea, que serán ensambladas en los KC-390 de carga militar. 

En un salón contiguo, Mirtha Legrand hablaba con José Pilo Bordón, un reaparecido. La diva de los (ex) almuerzos también, como Puricelli, venía con custodia: la siempre voluntariosa Marcela Tinaire, que alterna sus días acompañando a su familia celebrity.

"El real problema de la Argentina" 

A pocos metros, tres ex embajadores en Brasil (Jorge Hugo Herrera Vegas, Diego Guelar y Alieto Guadagni) comentaban el editorial de O Estado de Sao Paulo de la víspera, titulado "El real problema de la Argentina". El texto, lapidario, cuestiona el agresivo proteccionismo argentino y reproduce comentarios del propio embajador Cordeiro, quien hace pocos días, en un seminario, se refirió al déficit comercial que acusa Argentina como un problema "más psicológico que económico", porque, según cree el diplomático, "la economía argentina tiene problemas estructurales que reducen su capacidad de competir con los productos importados, incluso, los brasileños". Para Cordeiro, según transcribió O Estado, además, ese déficit no puede ser superado con medidas "voluntaristas". 

Quien se mostraba más distendido transitando por la maroma humana de la Embajada antes que por los inhóspitos pasillos de Comodoro Py era Fernando De la Rua, notablemente demacrado. Cerca de él, pero no en lo político, Francisco de Narvaez y su esposa Agustina Ayllon comentaban las ultimas mediciones con la legendaria encuestadora y comentarista Graciela Romer. A prudente distancia, los analistas Rosendo Fraga y Fabián Perechodnik analizaban, cada uno para su propio corrillo de oyentes, el voto "teen" o play-station. 

Sobre las dos de la tarde, cuando la tormenta amagaba amainar, aparecieron unas cazuelas de un "cocido gaucho", mas vegetariano (estilo gurú Sri Sri) que apucherado. Sin duda, acomodó el estómago de varios. Otros, sin embargo, siguieron aguardando la mousse de maracuyá, el excepcional postre que nunca falta en la Embajada. Quienes sí faltaron, quizás ahuyentados por la lluvia, fueron el diseñador Gino Bogani y el ex presidente Menem y su otra vez embarazada hija Zulemita, habitúes de estos saraos de la calle Arroyo.

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