20 de septiembre 2001 - 00:00

La amplia red financiera del extremismo islámico

París - Miles de millones de dólares del petróleo, dinero sucio del tráfico de drogas y de armas y donaciones a oscuras organizaciones internacionales son los elementos de los que, en el medio de una nebulosa financiera, se benefician las organizaciones terroristas.

Según una investigación del diario «Le Monde», estas redes financieras no siguen una organización racional y a veces se ocultan en la llamada «banca islámica», que opera con reglas totalmente distintas de las conocidas en Occidente debido a que los preceptos coránicos prohíben prestar dinero contra intereses.

Los especialistas estiman que más de 160 organismos, cuyos depósitos alcanzan los 100.000 millones de dólares, proponen actualmente una gestión islámica del patrimonio financiero. Esos establecimientos ofrecen a sus clientes inversiones en proyectos comerciales, especialmente de materias primas, participaciones en empresas -con excepción de casinos, bancos, aseguradoras y criaderos de cerdos-, colocaciones en el mercado de acciones -excepto obligaciones-e inversiones inmobiliarias. Los servicios son remunerados pero no por intereses, sino por un sistema de asociación a los beneficios que obtienen los bancos con sus fondos.

Londres es actualmente la principal plaza para este mercado en el que circulan decenas de miles de millones de dólares. Entidades financieras árabes de la City, principalmente originarias de Arabia Saudita y los países del Golfo, se instalan en el centro de una nebulosa originada por el principio de «inmunidad soberana» con el que cuentan los Estados monárquicos en Gran Bretaña: algunas entidades sauditas ligadas a la familia real escapan al monitoreo del organismo de control bancario, la Financial Services Authority, impidiendo las acciones contra el lavado de dinero.

La controversia en torno del financiamiento de las actividades terroristas de Osama bin Laden, el multimillonario saudita señalado por Washington como el responsable de los terribles atentados de la semana pasada, está corriendo el velo detrás del cual se oculta el capital de algunas de estas instituciones. Bin Laden, a quien la revista «Forbes» presenta como el dueño de una de las fortunas más grandes del mundo, es considerado como el gran financista del terrorismo internacional, pero también como un empresario capaz de asegurar la construcción de un puerto en Sudán y de autopistas en Afganistán y otros países de la región. Sin embargo, su entorno replicó estas versiones, en un artículo publicado por el diario británico «The Independent», diciendo que el patrimonio del exiliado saudita, que ha sido apartado de la gestión de la fortuna familiar, no supera los 4 o 5 millones de dólares. Lo cierto es que la herencia recibida a principios de la década pasada por el líder fundamentalista ascendería a 300 millones de dólares.

La familia de Bin Laden prosperó obteniendo la exclusividad de los trabajos de construcción en la Meca y Medina y posteriormente ingresó al mundo de los negocios invirtiendo, por intermediario de las bancas islámicas y de Londres, en numerosos fondos internacionales. Se cree que es accionaria de grandes grupos de los sectores electrónico, de las nuevas tecnologías, inmobiliario y del transporte marítimo. Este conglomerado económico de Medio Oriente, gerencia su capital a través de varias sociedades de las Bahamas o las islas Caimán, haciendo difícil para los servicios secretos occidentales determinar dónde se esconde su fortuna.

Además de los negocios, otra importante fuente de financiamiento de los combatientes de Bin Laden y de otros grupos terroristas como Hamas, los Hermanos Musulmanes y los mujaidines de Bosnia, Chechenia y Afganistán, son las
donaciones religiosas. El Ministerio de Bienes Religiosos sauditas dispone de 10.000 millones de dólares al año para beneficiar a instituciones de caridad, que se suman a otros generosos donativos que hacen los sauditas con los dividendos que obtienen de sus operaciones financieras. Una gran parte de este flujo de dinero, que alcanza varias decenas de miles de dólares, se utiliza en obras sociales, educativas y humanitarias, pero se sabe que un porcentaje importante del mismo termina en manos de los terroristas.

Pero éstos no son los únicos métodos con los que cuenta Bin Laden para financiar atentados, incluso de la magnitud de los de la semana pasada. Parte de este dinero proviene, según diversas fuentes de información, del
tráfico de armas y drogas. Además, llegaría de manos de hombres de negocios parárabes temerosos de sufrir atentados en virtud de sus relaciones comerciales con países occidentales odiados por los extremistas.

Asimismo, se está investigando si los terroristas que destruyeron las Torres Gemelas de NuevaYork duplicaron su golpe con una corriente especulativa masiva en los mercados financieros internacionales.

Las autoridades estadounidenses, japonesas y alemanas están particularmente intrigadas por las numerosas operaciones sospechosas registradas en vísperas de los ataques, básicamente a través de operaciones con acciones pertenecientes a sectores duramente golpeados tras los ataques.


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