27 de julio 2005 - 00:00

¿La dialéctica previó las peleas en el oficialismo?

Las fracturas intestinas dentro del peronismo y del sindicalismo dejan brechas para que prosperen muchos. Por caso, los trotskistas del Movimiento de Trabajadores por el Socialismo, fracción que integra con lo que sobrevive del Partido Comunista la Izquierda Unida. En la última entrega del periódico partidario «El Socialista» explican cómo esas fracturas entre duhaldismo y kirchnerismo o entre el moyanismo y los «gordos» de la CGT, en realidad ya estaban escritas de antemano en las profecías de la dialéctica. Todo para tratar de convencer a alguien de que los candidatos de esta Izquierda Unida son lo mejor del mercado. Veamos un fragmento de ese análisis:

No es que Kirchner fomentael estallido del PJ para cambiar su vieja política, sino que, ante los hechos consumados, aprovecha para intentar lavarle la cara en busca de revertir el divorcio con su base social. La clase obrera empezó su experiencia con el peronismo desde el último gobierno de Isabel-López Rega en 1974. Este proceso se cortó con el golpe del '76 y resurgió en más de 20 años de gobiernos constitucionales. Hoy, más allá de los votos que pueda seguir obteniendo el PJ, continúa sin reconciliarse con los millones que lo seguían en otras épocas, dejando un gran espacio que vienen ocupando los nuevos luchadores y la izquierda. Intentar recuperar aquel viejo idilio, cuando la gente ya no da la vida por nadie, es la difícil tarea de Kirchner y su entorno.

Kirchner hace este intento de recomponer al PJ, en un duro enfrentamiento contra el aparato duhaldista, que no puede terminar en empate. Tiene que ganar sí o sí.

Aunque con un alto costo institucional. Por eso la burguesía teme por la gobernabilidad. El embajador de EE.UU. mostró su preocupación ante Solá. Alfonsín hizo lo mismo públicamente. Rafael Bielsa se delimitó de la palabra mafia esbozada por la primera dama y Aníbal Fernández llamó a bajar los decibeles.

Porque todos saben, en definitiva, que después de octubre, Kirchner y Cristina tienen que seguir gobernando para el FMI y las multinacionales.

Estos no son los necesarios dolores de parto para que alumbre la «nueva política». La nueva política kirchnerista en realidad no tiene nada de «nueva». El Presidente denunció, por ejemplo, el despilfarro de la plata del Fondo del Conurbano que Cavallo le había dado a Duhalde (tres millones de dólares diarios): le contestaron que les pregunte a los viejos intendentes duhaldistas que ahora lo rodean, los mismos que se cambiaron de barco buscando estar más cerca de la nueva chequera que emite la Casa Rosada, porque fueron ellos los que manejaron esos dineros.

En parte por la interna del PJ y en parte por las luchas que no ceden, la cúpula de la CGT se dividió, aunque los gordos no se irían de la Central. Acá también existe el doble discurso.

Lo cierto es que los dirigentes de la CGT, ni antes cuando se «unieron», ni ahora que se «dividen», lo hacen para beneficiar a los trabajadores. Antes se unieron para sacar a los trabajadores y piqueteros de la calle; y ahora se «dividen» para intentar canalizar las luchas en curso. A Moyano y los gordos los une la idea de que tienen que controlar el desborde salarial y el surgimiento de nuevos dirigentes. Tarea difícil que ya han probado, no han logrado y ahora vuelven a intentar.

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