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27 de abril 2007 - 00:00

La Iglesia llama a marcha anti-Botnia

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Jorge Busti
La Iglesia Católica volverá este domingo a tomar un rol protagónico en el conflicto con Uruguay por la construcción de la pastera Botnia. El obispado de Gualeguaychú, comandado por monseñor Jorge Lozano, convocó a una marcha al puente General San Martín que une Gualeguaychú con Fray Bentos donde esperan reunir a unas cien mil personas.

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Se trata del tercer aniversario de la primera marcha de los ambientalistas. Lozano, un obispo cercano a Jorge Bergoglio con quien trabajó en el Arzobispado de Buenos Aires, liderará también una invocación religiosa ecuménica de la cual participarán representantes de diversas iglesias cristianas.

Ante la falta de respuestas del gobierno de Néstor Kirchner, el Episcopado decidió avanzar con la protesta, pero también con la búsqueda de una solución al conflicto. La estrategia de Bergoglio, que tanto irrita a la Casa Rosada, ya fue descripta públicamente por Jorge Oesterheld, vocero episcopal, en un programa de televisión: «Cuando se recurre a la Iglesia es porque fallan otras instituciones. Estamos pagando el precio del debilitamiento institucional y por eso estallan tensiones en forma violenta o anárquica». La crítica declaración del párroco hacía alusión no sólo al diferendo con Uruguay sino también al conflicto docente en Santa Cruz, donde interviene el obispo Juan Carlos Romanín.

En la marcha del domingo se espera también la presencia del vicegobernador de Entre Ríos, Guillermo Guastavino, aunque no confirmó todavía su participación Jorge Busti.

Además de Lozano, habrá pastores de la Iglesia Luterana y de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata. No estará presente ningún integrante de la Iglesia Católica uruguaya. Desde el obispado de Gualeguaychú se encargaron ayer de aclarar ante este diario que se trata de una protesta exclusivamente argentina contra las papeleras, y por eso no fue convocado el obispo uruguayo de la localidad vecina de Salto, monseñor Pablo Galimberti.

La intervención de la Iglesia Católica de la Argentina y del Uruguay por el conflicto de las papeleras había alcanzadosu máximo pico de intensidad en abril del año pasado, luego de que monseñor Sergio Fenoy, secretario general del Episcopado, se comunicara con Galimberti para expresarle la voluntad de buscar una solución consensuada.

Más allá de las gestiones encabezadas por Lozano a partir de que Agustín Colombo Sierra, jefe de Gabinete de la Cancillería argentina, le ratificó en aquel entonces la voluntad de Kirchner de que la institución tuviera un rol más activo en la crisis con Uruguay, la intervención eclesiástica fue disminuyendo poco a poco. La tensión entre Bergoglio y el Presidente contribuyó a bajarle el perfil a la mediación episcopal.

Pese a los esfuerzos de los prelados argentinos, quienes admiten que el arzobispo de Buenos Aires comanda estratégicamente cada paso que da la Iglesia en este sentido, la lentitud de las negociaciones con los eclesiásticos uruguayos se debió también al carácter laico del Estado comandado por Tabaré Vázquez.

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