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12 de noviembre 2007 - 00:00

La pulseada entre un abogado y un oncólogo

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Máxima tensión el fin de semana en la zona fronteriza con Uruguay por la puesta en marcha de Botnia. El sábado, efectivos de la Gendarmería argentina formaron un cordón de custodia sobre el puente General San Martín para evitar que se produjeran incidentes ante la avanzada de una multitud de vecinos que se movilizó para protestar contra la pastera.
«No sotros lo hicimos ganar, ¿se dan cuenta?» De la primera a la última página del diccionario de insultos agotaron los funcionarios al recordar que, en 2004, Néstor Kirchner aportó un plus para que Tabaré Vázquez gane la presidencia.

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En octubre de aquel año, la Casa Rosada puso en marcha un megaoperativo, que incluyó movilizar a punteros del PJ y acortar un pasaje más barato para los uruguayos que quisieran viajar a votar. No hay un registro fino, pero se calcula que fueron más de 50 mil.

Como un búmeran, aquella intromisión en un país hermano, bajo la hipótesis de que era conveniente tener al otro lado del Río de La Plata un «presidente amigo» -comparado, al menos, con el locuaz Jorge Batlle- estalló con ferocidad el jueves pasado en la cara de Kirchner.

En la espiral de furia, los argentinos jugaban con la mordacidad y citaban, como si tuviesen en la barra de un bar del bajo, la profesión de Tabaré: «Es oncólogo: está acostumbrado a decirle a la gente que se vaya tranquila cuando él sabe que en tres meses se va a morir».

Sin brújula, sin lograr descifrar los pasos de Tabaré -enfureció que no haya avisado y el momento- luego de un lamento grupal, el análisis de la comitiva argentina se desflecó en dos líneas, una resignada y otra, entre tanta negatividad, levemente optimista.

Se trata de dos líneas de evaluación en caliente, en medio del terremoto que significó la determinación unilateral de Montevideo, que dejó en punto muerto, congelado e inmóvil, el vínculo diplomático entre la Argentina y Uruguay. Aquí, los dos ensayos:

  • La decisión de que horas después de la habilitación de Botnia la Cancillería convoque al embajador uruguayo en Buenos Aires, Fernando Bustillo, para entregarle una nota de protesta, revela cómo de inmediato el gobierno argentino puso como proa La Haya. De hecho, la misma nota que Roberto García Moritán le dio en mano a Bustillo se envió luego para que se incorpore al expediente que se instruye en ese tribunal internacional. De inmediato, como contraofensiva, los abogados argentinos quisieron dejar constancia de que Uruguay tomó una decisión que «agravó la controversia» contrariando una recomendación del tribunal que en junio del año pasado instó a los países en puja a no accionar del modo que profundice el conflicto. De esa manera, a pesar de los antecedentes negativos que hay respecto de resoluciones de ese tipo -ayer se recordaba que La Haya no falló a favor de Australia y Nueva Zelanda que pedía frenar las pruebas atómicas francesas en el atolón de Mururoa-, no hay más alternativas que reforzar la causa e insistir que aquel mismo dictamen, que la Argentina ganó 14 a 1, en el que el tribunal aceptó la demanda, también decía que en caso de probarse la contaminación Uruguay debería proceder al desmantelamiento de la planta de Botnia. La misma inquietud, urgidos por la necesidad de encontrar elementos para luego llevar a La Haya, apenas se supo que se habilitaba a la pastera, se ordenó de inspectores argentinos para que comiencen a tomar muestras de aire en la zona de Gualeguaychú para hacer un seguimiento minucioso de posibles alteraciones en la zona. Ayer, atajándose, Botnia informó oficialmente que habría «malos olores», pero que era consecuencia de los ajustes y que durarían sólo unos días. En tanto, en el gobierno especulan que una resolución de La Haya podría conocerse en el primer trimestre de 2009.   

  • Ese plazo da lugar a una lectura levementeoptimista en medio del vendaval. Según esa mirada, que el conflicto haya llegado a su punto máximo en el tramo final del gobierno de Néstor Kirchner tiene una pequeña ventaja: libera de un costo a Cristina de Kirchner, quien, en todo caso, asumirá la presidencia con el hecho consumado de Botnia humeando y la apuesta única, si prima la racionalidad, de trabajar para un fallo positivo en La Haya, aun desafiando los antecedentes negativos en cuanto a la soberanía de los países. Es decir: podrá reprochársele a Kirchner haber apostado mal a la negociación o haberse movido pensando en el mercado interno, pero, dicen en el oficialismo, esas imputaciones no podrían cargársele a la primera dama. En rigor, si efectivamente el fallo de La Haya se conoce en 2009, el tema pasteras exime a la senadora de tomar medidas sensibles durante casi un año y medio, en la medida en que la tensión en la frontera Gualeguaychú-Fray Bentos no siga en la escalada. Es la teoría del «hecho consumado».
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