Será una situación insólita -hay quienes sostienen que debería excusarse-, pues la primera dama tendrá que juzgar como senadora a uno de los jueces a cuya cabeza le puso precio su marido, Néstor Kirchner, durante un mensaje por cadena nacional de radio y TV.
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En esa oportunidad, el Presidente mencionó al ya renunciado Julio Nazareno a la hora de reclamar al Congreso para que estudiaran el eventual enjuiciamiento de miembros del máximo tribunal. Acompañó la recomendación con una referencia a la denominada «mayoría automática», de la cual formaba parte Moliné.
Desde la reforma reglamentaria que redujo el número de comisiones de la Cámara alta, desapareció la Comisión de Juicio Político en esta ala parlamentaria y sus funciones fueron tomadas por Asuntos Constitucionales. Cristina de Kirchner, entonces, podría protagonizar el caso extremo (algo bastante remoto, claro) de comandar el proceso de juicio político contra su propio esposo, si alguien promoviera su destitución y ésta llegara a la etapa de sentencia en el Senado.
La comisión, que sesionará el próximo martes, podría considerar ingresada la acusación por mal desempeño contra Moliné, que se votó con 139 adhesiones, sólo 20 rechazos y 4 abstenciones en la cámara de origen. El primer punto a analizar, previo traslado a la defensa, será la suspensión del magistrado solicitada por diputados del oficialismo y la oposición.
La Comisión de la Cámara baja designará el jueves que viene a los integrantes de la comisión acusadora que seguirá el proceso en el Senado. Se descuenta que la encabezará Ricardo Falú (PJ-Tucumán). Eduardo Camaño, desde la presidencia del cuerpo, convalidará a los fiscales que designen peronistas, radicales y demás bancadas.
El abogado de Moliné, Gregorio Badeni, subrayó ayer que su defendido «no va a renunciar», sino que «seguirá peleando» por «hacer valer su derechos». En alusión a la aprobación de los cargos, el constitucionalista dijo que su defendido «daba por descontado lo que iba a suceder por las manifestaciones que hicieron durante varios meses muchos legisladores». Sostuvo, asimismo, que el juez estaba «fastidiado más que enojado» con esta situación. «Era razonable que eso pasara, a pesar de que aparentemente les costó mucho conseguir el quórum para que funcionara la cámara», expresó Badeni.
El jurista aclaró, además, que si el Senado «lo llega a destituir, se habrá cumplido el mecanismo constitucional y esa decisión tendrá que ser acatada. Lo que no es viable es la suspensión de un juez de la Corte Suprema de Justicia», arguyó.
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