La soja no pasará
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De la emergencia generacional al aburguesamiento temprano.
De las cintas de Perón desde Madrid a los mails y sms desde Puerto Madero.
De «juventud maravillosa» a pretendida fuerza de choque.
Alguna vez fue llamada «gloriosa», por su participación en las acciones de resistencia a la proscripción del peronismo a fines de los años
50. Más tarde, fue la « juventud maravillosa», símbolo de la emergencia de una generación que se alzó, no sólo contra la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse, sino contra sus mayores, que habían sido complacientes con un régimen proscriptivo.
Los «jotapé» de ayer se rebelaron contra sus padres; los de hoy son «hijos de», que militan en defensa de las prebendas de sus progenitores, que además esperan heredar.
Hasta el sello elegido está en consonancia con lo que son o con lo que han aprendido de sus padres. No es Agrupación Héctor Cámpora. Es La Cámpora. Parece el nombre de una banda de rock o de un restorán en Las Cañitas. Una perfecta síntesis de setentismo (Cámpora) y minimalismo posmoderno (la).
La Jotapé de ayer arriesgaba la vida hasta en una pintada callejera. La de hoy se envalentona en el escrache a algún enemigo de papá; total, sabe que la Policía no intervendrá.
Con los recursos del Estado a su servicio, estos adolescentes tardíos -la mayoría roza los 30- son burócratas antes de haber sido siquiera activistas. Se ponen plumas de caciques sin haber sido nunca indios. Las mañas que otros adquieren de « grandes», ellos las traen de cuna. Su «jefe» no pone la cara ni el cuerpo, da directivas por celular.
Ayer, rebeldes, valientes e idealistas. Hoy yuppies y aparatistas. Ayer llenaban plazas y calles. Hoy caben en una carpa. Ayer, una tragedia. Hoy, una farsa.




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