El kirchnerismo, que dice querer la renovación política, comenzó copiando modelos de afuera, como una pintada brasileña de campaña que apareció en paredes de Buenos Aires. Dice «La esperanza vence al miedo», sin aclarar en qué extremo de la frase se identifica el candidato. La usó Lula Da Silva, con quien quiere identificarse ahora Néstor Kirchner.
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El verdadero desafío está por venir. Los Duhalde tienen a su delegado en observación. Con él aplicarán el protocolo de actos, prensa y reuniones sectoriales que acostumbran a poner en práctica, como si fuera un abracadabra, con sus pupilos electorales. Kirchner no será puesto en manos de ningún izquierdista de los que lo vinieron acompañando como candidato a lo largo del año. Ni siquiera dependerá de un «renovador», a pesar del nombre que le pusieron al «espacio» (nueva forma de llamar a lo que en otros tiempos era la «rosca», «corriente» o «línea»). La presentación de «Lupín» a los bonaerenses correrá por cuenta de un hombre que viene atornillado al sillón desde 1973: el intendente de Lanús, Manuel Quindimil. A este anciano, inexorablemente inclinado hacia la derecha, que desconoce otro placer que el del ejercicio del poder municipal encomendaron los Duhalde el bautismo de su «pollo». De vieja militancia ortodoxa, Quindimil participó de la guerra violenta entre facciones en los '70, época en que sólo se posternaba ante el vecino Herminio Iglesias, decididamente más feroz y temido que él. De aquellos tiempos «Don Manolo» conserva la manía de andar armado, que ahora se volvió casi folclórica. Desconoce otro paisaje que el de Lanús y se ufana de no haber salido jamás del país. Su día transcurre casi por entero en la sede de la comuna, de la que sólo se aleja a las 2 de la tarde para dormir la siesta. Vuelve a su caserón a medianoche para comer lo que él mismo se cocina.
Para los Kirchner, Néstor y Cristina, este tipo de personaje forma parte de lo que hay que cambiar. Sin embargo mañana halagarán a Quindimil como si fuera una reliquia viviente. No es para menos: el intendente les prometió 10.000 asistentes para el acto de lanzamiento de la campaña, en el miniestadio de Lanús. El mismo lugar donde el duhaldismo resolvió, en un congreso que no quedará para la historia de la democracia política, suspender las internas partidarias con el argumento, más o menos disimulado, de que las ganaría Carlos Menem. Quindimil, con todas sus mañas, jamás hubiera admitido que lo conviertan en candidato con ese método.
Entre los duhaldistas había alguna preocupación anoche por explicar a los intendentes del conurbano que las consignas de los «Jóvenes K» no implican una crítica a su conducción en las distintas municipalidades. Los «Jóvenes K» no son una agrupación estudiantil alemana sino un presunto «movimiento» que sigue al gobernador de Santa Cruz y que ha pintado las calles de Buenos Aires con la consigna «la esperanza vence al miedo». A Quindimil, Hugo Curto, Oscar Rodríguez y José María Díaz Bancalari hubo que explicarles que la propaganda no es contra ellos.
Las pintadas de los «Jóvenes K» copian un slogan utilizado en Brasil por «Lula», que sí jugó como opositor. En la escala bonaerense es una manera de usar chatarra por parte de los brasileños de la agencia Duda Mendonça, que asesoró al actual presidente brasileño y seguramente terminará haciéndose cargo del «Candidato K» (basta pensar en un par de palabras que empiezan con la sílaba «ca» para imaginar las respuestas que habrá para estos hallazgos del duhaldismo).
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