27 de noviembre 2003 - 00:00

Las hazañas de Hugo Moyano

Las hazañas de Hugo Moyano
El sindicalista Hugo Moyano abrumó en estos días con declaraciones televisivas y reportajes en revistas. ¿Por qué creyó y estuvo con Rodríguez Saá? «Porque creí en ese proyecto y ahora se acabó», explica quien después de errar con su candidato ideal sorprende que haya pasado a cobijarse con gran poder bajo el ala de Néstor Kirchner, quien no perdonó a otros que lo enfrentaron. Claro, el caso Moyano es distinto: le temen.

Es común entre los sindicalistas (aunque él se lo atribuye a los otros, «los gordos» de la CGT) atarse a un gobierno de turno, civil o militar, pero no es, precisamente, común una respuesta y crítica que reitera Moyano en todos los lugares donde habla. «Logramos aumentos en Coca-Cola y sueldos altos en Carrefour, promedio de $ 1.700. Defendemos a nuestros afiliados y por eso peleamos en los municipios. Logramos aumentos salariales como los judiciales o los telefónicos. En cambio, cuando las empresas quieren pagar sueldos bajos, intentan tener a los trabajadores afiliados a sindicatos como los mercantiles», expresó lanzándose abiertamente contra el gremialista Armando «Gitano» Cavalier i.

No es cuestión de ponerse al lado de ningún «gordo» sindical, porque han expoliado y perjudicado mucho al país con los regímenes laborales perversos, además de haberse enriquecido. Pero Moyano no puede hacerse hoy el nuevo adalid de las reivindicaciones obreras. Kirchner lo resguarda y los empresarios tienen que concederle aumentos porque con los camiones en una huelga puede desabastecer al país y trabar las rutas de circulación. No puede, entonces, pretender que el sindicato mercantil actúe igual que él y mande a la huelga a miles de pequeños comercios en los que están sus afiliados, la mayoría de los cuales tiene a veces sólo 6 u 8 empleados promedio, fácilmente sustituibles por el dueño y sus familiares.

•Poder intimidatorio

El poder de Moyano, entonces, es intimidatorio para el gobierno y las empresas, y desgasta al Presidente, porque le muestra sus flaquezas.

Sucede que el transporte sobre ruedas tiene ahora poder similar al que antes tenían los ferroviarios, cuyas amenazas de paro eran terribles. Hasta a Juan Perón en los años '40 le hicieron una huelga y no logró disuadirlos ni la presencia de Eva Peró n. Hoy si paran los trenes, los camiones los sustituyen y jamás el tren puede trabar rutas. Para colmo en esta época ni el gobierno tiene normas jurídicas ni consenso entre los militares para mandar los camiones del Ejército a sustituir a los huelguistas y normalizar el abastecimiento como hizo, por ejemplo, el gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962), que sobrellevó hasta 50 días de huelga de los ferroviarios.

Los camioneros logran mejoras por un poder despótico sindical, como sería el desabastecimiento de la población y la putrefacción de las mercaderías transportadas en los camiones estacionados. Enfrente hay un gobierno que aprecia sobre todo ser popular y no reaccionaría contra camioneros, del mismo modo que no sabe qué hacer con los piqueteros. Además, hoy no se fomenta la actividad privada para que haya más de los numerosos patrones de camiones.

Moyano traiciona doblement e. A su tradición sindical y su discurso, por empezar. Por ejemplo, no quiere que los municipios estaticen la recolección de basura y sus afiliados actuales de empresas privadas pasen a ser empleados municipales. Le dan la bienvenida quienes nunca quisieron estatizaciones o municipalizaciones sino actividades en manos eficientes de privados. Pero además traiciona a los otros trabajadores. Cuando fuerza por su «poder de paro» aumentos salariales en empresas, sin que haya inflación, hace que éstas vayan a terminar trasladando esos aumentos a los precios, y el plus más el empuje a la inflación lo pagará así el resto de quienes trabajan.

Vaya hazaña. Además, los judiciales forzaron un aumento por montos que el Poder Judicial no tiene cómo saldar, y eso deteriorará más los estrados judiciales, su tecnología, sus inmuebles y muebles. Es penoso para el país este tipo de accionar y la dictadura parasindical de hombres como Moyano.

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