Impactó fuerte en Córdoba el fichaje de Roberto Lavagna en filas del kirchnerismo. El efecto se sintió principalmente en la estructura del radicalismo provincial, que alineado a la candidatura presidencial del ex ministro, logró el 28 de octubre pasado lo que para cualquier ciudadano era casi un milagro: volver a ganar una elección en Córdoba después de casi diez años, y con 13 triunfos delasotistas ininterrumpidos.
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Es real que esa lectura fue algo caprichosa. Lavagna, aliado a la UCR cordobesa ganó con 35% de los votos y aventajó a Cristina de Kirchner por 12 puntos y a Elisa Carrió por 21. Pero ese logro fue básicamente merced a la ausencia de buena parte de PJ,y especialmente del ex gobernador José Manuel de la Sota, en la pelea que dejó solo al kirchnerismo.
De todas maneras la decisión de volver al esquema K, después de cosechar esa cantidad de votos, le representa un alto costo a Lavagna en Córdoba y por supuesto al radicalismo. Y no sólo a nivel de dirigentes.
Duro golpe
La grieta más fuerte se le abre en la clase media que se volcó sobre su figura. Para ese segmento, con sus particularidades provincianas (candidato educado, calmo, conservador, previsible) representó exactamente lo opuesto al kirchnerismo, que sin el PJ se frustró por segunda vez en una elección presidencial.
Desde luego, también la UCR paga tributo. Su presidente, Mario Negri, dijo ayer en una entrevista concedida a radio «Cadena 3» que la decisión de Lavagna «le da un duro golpe a la política, a la credibilidad de la política». Negri se permitió proyectar regionalmente el significado de esa decepción: «Va a engordar la idea de algunos países de Latinoamérica de un partido único manejando la chequera sin espacio para la oposición», remarcó el dirigente, y agregó: «Es la peor noticia, es lamentable, decepcionante».
De todas maneras, Negri analizó y manejó una actitud más alentadora frente a 35 por ciento del electorado que hace algunos meses se esperanzó retener: «Ya pasó», dijo y reiteró que desde hace unas semanas mantiene contactos con Carrió y el socialismo para integrar al radicalismo provincial a un frente opositor.
Sin embargo esa movida le sirve sólo para ayudar a tragar el «sapo» Lavagna, porque el principal temor es también un pase de características «borocoteras». Aseguran que lo estaríapor asumir Ramón Mestre hijo, quien, a pesar de haberse parado como un opositor escandalizado frente al ex intendente Luis Juez, estaría negociando con ese sector un pase en la ciudad capital. «Que Mario tenga cuidado porque le va a aparecer un 'lavagnista-juecista'», decía con maldad un dirigente del propio radicalismo cordobés.
Apoyo de Schiaretti
Frente a esta sensación de decepción de la clase media local, el gobernador Juan Schiaretti salió a apoyar decididamente el pase de Lavagna. «Es una característica del justicialismo desde su fundación; todo aquel que quiera volver puede hacerlo», dijo Schiaretti.
No obstante ese discurso, los responsables políticos cercanos a Schiaretti preferían sacar el tema fuera de la agenda provincial. Mientras Schiaretti hace los deberes de mantenerse alineado sin el más mínimo movimiento en falso, sus hombres entienden que la movida K es difícil de « vender» en la provincia.
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