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22 de agosto 2006 - 00:00

Lavagna dijo que no tiene ''patrón'' radical

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Roberto Lavagna
A la distancia, Roberto Lavagna seguirá con atención el trámite de la Convención Nacional de la UCR que se reunirá entre viernes y sábado en Rosario, donde, bajo el influjo de Raúl Alfonsín, el radicalismo explicitará una postura opositora a Néstor Kirchner.

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Ese anticipo, al menos, escuchó el ex ministro de los delegados de la UCR a los que vio días atrás. Además de contactos informales, recurrentes, hubo un hecho puntual y de peso institucional: una reunión con la cúpula del radicalismo de Buenos Aires y sus jefes legislativos.

  • Promesa

  • En esa charla, el jefe de la UCR bonaerense, Carlos Gorosito, le regaló una promesa a Lavagna: «Por una amplia mayoría, la Convención Nacional va a declarar que el partido tendrá un rol opositor al gobierno», le aseguró el intendente de Saladillo al ex ministro.

    Ese encuentro, que gestionó Federico Storani, es el más relevante -en el marco del radicalismo- que mantuvo Lavagna luego de la reunión, en un hotel de Retiro, que compartió con el presidente de la UCR Nacional, Roberto Iglesias, y cinco legisladores nacionales.

    Como en aquel caso, hay un elemento clave: sutilmente, sin entrometerse en las riñas domésticas del partido, Lavagna establece vínculos directos con referentes de la UCR, paralelos -aunque no necesariamente antagónicos- a la vía de negociación que centraliza Alfonsín.

    El ex ministro -que todavía no es candidato- repite, una y otra vez, que no tiene «interlocutores privilegiados» en el radicalismo. Una forma, sutil, de despegarse de Alfonsín para que el ex presidente y sus protegidos, Storani y Leopoldo Moreau, no sean un estorbo para sumar aliados.

    El caso bonaerense es clave: allí Alfonsín y sus escoltas, Storani y Moreau, dejaron una ristra de enemigos que, aunque ven a Lavagna como una opción atractiva, no aceptan que detrás del ex ministro se camuflen quienes, dicen, « destruyeron el partido».

  • Cuestionamiento

    Es un tema recurrente, porque con la batalla entre Alfonsín y Margarita Stolbizer en 2005 se detonó un viejo cuestionamiento a la conducción de la UCR. Ahora ese tema vuelve porque con Lavagna regresaron -aunque nunca se fueron- Lavagna, Storani y Moreau.

    Por esa razón, el ex ministro, que se declara « justificialista» -usa ese término, no dice peronista-, martilla con la idea de que para llegar a él no hay que pasar por ningún «peaje» político para alinearse detrás de la candidatura que todavía no formalizó.

  • Decisión

    Y no será ese año: en la charla que mantuvo con los dirigentes de la UCR de Buenos Aires que lo visitaron la semana pasada, reiteró que recién en 2007 decidirá qué hará en las elecciones del año próximo. Más allá de los tiempos, su lanzamiento parece irreversible.

    Del encuentro con Lavagna participaron Gorosito, el jefe del bloque de senadores bonaerense de la UCR; el marplatense Jesús Porrúa, el legislador Juan Gobbi, y los intendentes Mario Espada (Tres Lomas) y Carlos García (Brandsen), vices del Comité Provincia.

    Lo de Porrúa merece observarse: desde hace 25 años es gemelo político de Daniel Katz, el intendente de Mar del Plata, que coquetea con la concertación convocada por Kirchner. Pero Porrúa aparece ahora entre los principales promotores de la postulación de Lavagna.

    Otro reflejo de la dualidad que atraviesa al radicalismo que, más allá de las advertencias sobre una ruptura futura, parece doblarse, pero sin llegar a romperse.
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