El cierre de la convención radical en la madrugada del sábado pasado con la aprobación del apoyo a Roberto Lavagna como candidato presidencial no significará el fin de los problemas para la conducción de la UCR. Desde esta semana comenzarán las negociaciones para la redacción de la plataforma electoral de esa coalición y también el proceso de selección del candidato a vicepresidente que acompañará a Lavagna.
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El proyecto inicial que presentaron Gerardo Morales, jefe partidario; Ernesto Sanz, presidente del bloque de Senadores; Fernando Chironi, jefe de Diputados, y Adolfo Stubrin, presidente de la convención preveía que ésta facultara al comité nacional a decidir ese puesto. Pero no fue así. Ahora los mismos convencionales deberán llevar adelante una suerte de colegio electoral en cada provincia, el mismo día -serán 23 reuniones si se ratifica la intervención a Mendoza- y enviar al comité nacional el nombre del vicepresidente propuesto. Se presume que esa maratón será convocada para mayo o junio, según Lavagna esté dispuesto a anunciar el nombre de su acompañante.
Fue una de las concesiones que debió hacer Morales en esa convención de Avellaneda que contó en todo momento con el número para ratificar a Lavagna como candidato a presidente, pero debió sufrir uno de los debates más duros que se recuerde en ese partido.
Los ataques a la posición del «radicalismo L» llegaron especialmente de Margarita Stolbizer, que insistió hasta último momento con la idea de una fórmula presidencial propia. La bonaerense, que debió cambiarse de lugar en el teatro para no quedar en medio de la barra lavagnista, terminó exhortando a las barras contra Morales: «Díganle traidor, díganle traidor», mientras los cánticos se cruzaban dentro del teatro.
Entre los éxitos que cosechó el oficialismo partidario está la modificación a la Carta Orgánica que permitirá limitar a los «radicales R» habilitando por mera decisión del comité nacional la intervención del partido en aquellos distritos que no acaten las resoluciones de la convención y dañen «el normal funcionamiento de la UCR a nivel institucional».
Fue casi en simultáneo con la ratificación por parte de la Convención de la intervención a Mendoza y el pedido de juicio político a la Jueza María Servini de Cubría por prevaricato, una respuesta al fallo de esa jueza que desestimó el primer pedido de intervención al radicalismo de Julio Cobos.
Pero lo que sucedió en Avellaneda después de 36 discursos y cruces entre los principales dirigentes -curiosamente- el alfonsinismo bonaerense de Federico Storani y Leopoldo Moreau votó a favor del oficialismo, pero casi no participó en los debates, como pretendía el propio Lavagnano ayudó a cerrar ninguna de las heridas que sufre hoy la UCR.
Stolbizer, que intentó sin éxito dejar sin quórum a la convención, deberá decidir desde ahora dónde está su futuro político. Pero a pesar de las denuncias que hizo Stolbizer, llegando a advertir que podría impugnar las decisiones de la convención nacional por no haber reunido el quórum reglamentario, no parece claro aún que pueda escindirse del partido.
«Ni siquiera el acuerdo de la conducción nacional de Gerardo Morales, Adolfo Stubrin y los presidentes de los bloques, Ernesto Sanz y Chironi, sumados al alfonsinismo con Leopoldo Moreau y Federico Storani fue suficiente para alcanzar el número necesario para sesionar con quórum reglamentario que les permitiera aprobar esa candidatura», dijo, «la mayor evidencia de esa debilidad fue la negativa a aceptar la propuesta de voto nominal de los delegados».
Una muestra de eso es la posición que debió tomar frente a Elisa Carrió. La secretaria general de la UCR había tentado ya caminos con la líder del ARI para negociar una candidatura a gobernadora por la provincia de Buenos Aires. Fiel a su estilo, Carrió anunció durante esas conversaciones que su candidato allí sería Carlos Raimundi. Fue una cachetada para Stolbizer, que no le permitió seguir adelante ni siquiera cuando Eduardo Macaluse le ofreció integrar la lista de diputados nacionales por el ARI.
Por eso ayer Stolbizer siguió cerrando puertas a su posible salida de la UCR: «Coincido con muchos de los planteos y en la concepción ética de la política que hace Carrió, pero la verdad es que tengo diferencias importantes.
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