El Senado ayer por una mayoría ajustadísima -en realidad por el voto de desempate del presidente del cuerpo, Juan Carlos Maqueda- la derogación de la polémica «subversión económica», que algunos jueces han usado para incriminar, al amparo de tan difusa figura legal, a empresarios y banqueros. Con esa votación, el gobierno logra otro de los prerrequisitos que plantea el FMI para negociar un programa de ayuda al país (resta ahora que las provincias que no lo hicieron firmen el compromiso para reducir sus déficit). En una sesión que atrajo la atención de todo el país, los senadores discutieron sus posiciones pero ninguna de las partes se movió de la actitud inicial de apoyar o rechazar la norma. Los opositores a la reforma (radicales, un sector del peronismo y de bancadas minoritarias) llegaron al extremo de usar un avión oficial del gobernador Néstor Kirchner para traer de Corrientes al liberal asociado a la UCR Lázaro Chiappe para reforzar el No a la derogación. El oficialismo retrucó con éxito y forzó la salida del recinto de la rionegrina Amanda Isidori, una radical que se solidarizó con la actitud de su gobernador, que había firmado los 14 puntos de Olivos. Con esa movida, la votación empató en 34 sufragios y el oficialismo pudo imponer el texto promovido por los provinciales de Antonio Bussi y Roberto Ulloa. Ganó el gobierno, pero revela que pierde socios y no maneja sus propios bloques. Además, deberá vetar dos artículos, uno que incrimina la negligencia en negocios -algo tan peligroso como lo que se derogó- y la prolongación de las causas abiertas.
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