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22 de enero 2004 - 00:00

Los cortes de energía, un fantasma en Madrid

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Al día siguiente, el miércoles a las 10, Néstor Kirchner será recibido en el Palacio de La Moncloa, adonde asistirá también el canciller Rafael Bielsa, ya que se descuenta la presencia en la audiencia de la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio. Ese día Kirchner cumplirá también con el motivo formal de su viaje, visitando la Feria Internacional de Turismo. Otra oportunidad para recostar su cabeza en el hombro del rey, que estará inaugurando la exposición en el predio que lleva su nombre.

Hacia el anochecer, en la embajada argentina, Kirchner asistirá a una recepción en agasajo de los empresarios de turismo que lo acompañan en el viaje, llevado de la mano de Enrique Meyer, su comprovinciano santacruceño y secretario del área. Más entrada la noche, los Kirchner se sacarán la que acaso sea la foto del viaje: junto al príncipe Felipe de Borbón y a su novia Letizia Ortiz, en la muestra de pintura del grupo «Mondongo», que se instalará en Casa de América y que estará presidida por los retratos del rey de España, de la reina Sofía y del propio Felipe (desde los tiempos de Diego Velázquez que no se realizan retratos individuales de la familia real y ése es el atractivo que tiene la muestra para los Borbón).

El jueves, el Presidente tendrá dos reuniones políticas, una con el candidato oficialista Mariano Rajoy y otra con el desafiante del Partido Socialista Obrero Español, José Luis Rodríguez Zapatero. Cultor de la «campaña electoral permanente», será tal vez lo que Kirchner más disfrute ya que ambos dirigentes están disputando a brazo partido la pelea para quedarse con el poder en los comicios del 14 de marzo (si bien el proselitismo lleva mucho más de un año, el decreto de Juan Carlos I convocando a esas elecciones se publicó recién anteayer).

En las lagunas que deje esta agenda elaborada por la Cancillería, Julio De Vido está injertando reuniones reservadas con los principales empresarios españoles. Sin embargo, hasta anoche, esa programación no estaba definida. Sí está claro que, como adelantó este diario, el gobierno pretende regresar de España con una incógnita despejada: la del negocio energético.

En la Secretaría de Energía, Daniel Cameron puso a trabajar a su equipo a destajo para redactar los decretos que Kirchner quiere conocer antes de viajar. Los funcionarios están tan alarmados con el impacto que pueda tener en la clase media el anuncio de un aumento de tarifas que han decidido escribir resoluciones laberínticas a las que, eufemísticamente, denominan «sendero de precios». Se trata de aumentos escalonados de las tarifas, que arrancarán con el precio del gas en boca de pozo: de $ 1,40 a $ 3,20 por un millón de BTU (British Thermal Units). En pesos, el salto es notorio. Pero De Vido dirá que en Estados Unidos el precio es de $ 20 y que el gas que Bolivia le exporta a Brasil cuesta $ 5,22. Sin embargo el argumento principal que usarán los funcionarios será que se está hablando de «el precio de nuevas explotaciones», es decir, un valor que se corresponde con nuevas inversiones. El otro decreto en el que se esmeran los «energéticos» de Cameron es el de la segmentación del precio para el gas según el tipo de consumidor.



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