El peronismo del Frente Partido Justicialista que lleva a Alberto Rodríguez Saá de candidato a presidente le «sopló la dama» al kirchnerismo, en su versión radical, expresada por el mendocino Julio Cobos. Logró sumar al capitán del malogrado rompehielos Irízar, Guillermo Tarapow, como candidato a diputado nacional, quien en una gira por Mendoza ya había sido tentado por el compañero de fórmula de Cristina Fernández. El mandatario mendocino tiene simpatía por los uniformes: en su juventud, fue cadete del Liceo Militar General Espejo y hasta encabezó la ofensiva contra el cierre de esos institutos de formación que había resuelto la ministra Nilda Garré. No se conoce si ya aceptó el marino la oferta del puntano Rodríguez Saá, pero sí se sabe que Tarapow no dudó en aceptar la opción del peronismo disidente antes que la kirchnerista de Cobos. La puerta de entrada a la política del marino que logró sobrevivir al incendio del rompehielos se produjo en el receso invernal. Había solicitado autorización a sus superiores para viajar a Mendoza con el propósito de pasar allí unos días de vacaciones, pero en la agenda personal tenía un compromiso con el Rotary Club de esa provincia. Una más de las tantas conferencias a las que se entregó -casi al estilo de Domingo Cavallo y su polémica convertibilidad-, sólo que el libreto era el desgraciado accidente en alta mar y la calculada reacción de permanecer a bordo con que ganó fuerte imagen pública.
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El presidente de los rotarios interesó al gobernador Julio Cobos, titular de la Concertación Ciudadana, fracción que acompaña la fórmula de la senadora Kirchner, y el mandatario provincial asistió al relato novelado de Tarapow. Con esa visión que tienen los políticos para reconocer dotes en el nuevo pupilo, Cobos decidió otorgar una condecoración en nombre del gobierno provincial al marino. Consta que la premiación existió porque Tarapow usó el uniforme en la gala posterior a su exposición ante los rotarios y luego fue sancionado por el alto mando naval. Es que los reglamentosmilitares ordenan a los uniformados que antes de participar en actos públicos deben solicitar autorización al jefe de Estado mayor del arma, quien a su vez pone al tanto al ministro de Defensa. El ex capitán de la nave siniestrada pagó con varios días de arresto el presunto olvido, aunque otras fuentes del Estado Mayor Conjunto insisten en señalar que todo fue parte de su instalación en los medios de prensa.
La notoriedad que alcanzó con aquel acto de arrojo de no abandonar la nave en llamas es muy fuerte para no aprovecharla en la política, calculan en esos sectores. Para el radical Cobos y el peronista Rodríguez Saá parece estar muy fresca la imagen de la apresurada dimisión de Fernando de la Rúa. Detractores castrenses del lanzamiento de Tarapow dicen que su postulación es equívoca ¿o acaso alguien quiere hacer ver que estaremos en llamas?, acotan divertidos. Al marino le quedarían pocas horas para ser un jubilado más si es que acepta convertirse en candidato de los peronistas disidentes.
La ley para el Personal Militar N° 19.101 que rige el mundo castrense establece en el artículo 7, inc. 6: «Son deberes esenciales impuestos por el Estado militar para el personal en situación de actividad: la no aceptación ni el desempeño de funciones públicas electivas y la no participación, directa o indirecta, en las actividades de los partidos políticos». En cambio, se flexibiliza en el artículo 9° inc. para el personal en retiro: «Puede desempeñar funciones públicas o privadas, ajenas a las actividades militares, siempre que sean compatibles con el decoro y la jerarquía militar». Claro, habrá que ver si los mandos navales consideran indecoroso militar en un espacio político contrario a la línea oficial del gobierno.
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