Por primera vez desde que lanzó su candidatura a senadora nacional, Cristina Fernández se mostró ayer junto a su esposo y presidente, Néstor Kirchner, en un acto con vecinos de Florencio Varela en la Casa de Gobierno.
Difícil imaginar con qué grado de violencia verbal se llegará a las elecciones ante el tono virulento que el Presidente usó ayer, cuando faltan más de tres meses para los comicios, para descalificar a todos sus adversarios. Es esperable que no mantenga esa tensión que puede exasperar al público y que revise su programa de campaña ya que una escalada en la dureza del discurso lleva a una curva quizá ascendente en un comienzo pero luego declina con perjuicio para el protagonista. Además, ¿qué se verá mañana forzado a decir Néstor Kirchner del resto de la dirigencia política después de las descalificaciones de ayer sin salirse de lo creíble?
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El discurso que dio en la Casa de Gobierno fue pocas horas después de los actos de Cristina Fernández y Chiche González en el conurbano. El enojo que mostró el Presidente hacia los Duhalde hace pensar que el gobierno quedó molesto por las repercusiones de los discursos que puede creer son más favorables a Chiche que a Cristina. Si no, ¿para qué agotar tanta metralla el día después?
Cierto que estaban en el acto de ayer vecinos de Florencio Varela, santuario kirchnerista al que los Duhalde llevaron más de ocho mil militantes y curiosos. Estos actos se hacen para salir por televisión pero tienen como destinatarios principales a los demás dirigentes; mostrar un acto importante significa tener capacidad de convocatoria -coraje, medios, a veces prebendas-. Mostrar el duhaldismo tanto en tierra kirchnerista seguramente molesto al gobierno.
• Arma eficaz
Otra razón para el envalentonamiento podría ser que junto al Presidente estaba sentada Cristina de Kirchner, por primera vez en actos de Casa de Gobierno desde que lanzó su candidatura...
Rodeado ayer de «varelistas», Kirchner usó el arma más eficaz que tiene para paralizar a los Duhalde, que es criticar el balance negativo de la administración peronista de la provincia de Buenos Aires desde 1987. El Presidente ya ha zafado del reproche de morder la mano que lo llevó a la Casa de Gobierno; nadie imagina que a esta altura del avance de posiciones del kirchnerismo y del duhaldismo esa alianza que lo hizo presidente en 2003 pueda rearmarse. Por eso es importante medir hasta qué límite llegará del señalamiento que hace en estas horas el Presidente de la herencia nefasta de Duhalde en Buenos Aires. «Siellos mismos destacan la pobreza del conurbano entonces algo debe haberse hecho mal», dijo ayer, y de ese concepto colgó la primera crítica personalizada que haya hecho en público de su ex aliado.
• Desaciertos
Le reprochó los desaciertos de su gobierno en la provincia y hasta lo descalificó como dirigente político al reprocharle que no lo enfrentase a Carlos Menem con la misma convicción que él. Kirchner parece no temer que alguien enumere las oportunidades que él dejó pasar entre 1989 y 1999 de enfrentarse con Menem básicamente sólo aprovechó dos: el debate sobre el acuerdo con Chile por Hielos Continentales y el apoyo a la candidatura presidencia del mismo Duhalde al que ahora critica. En lo demás estuvo en todas las fotos del menemismo. Pero es cierto que esa contabilidad de qué es cierto y qué no lo es en los discursos de campaña no lo hace nadie en el país.
En el envión por criticar al peronismo bonaerense, Kirchner cargó hasta contra el uso de los «patacones», un invento en realidad de la administración de Carlos Ruckauf, quien tuvo como vicegobernador a Felipe Solá, principal aliado del Presidente en Buenos Aires. Detalle que el gobernador habrá anotado, al igual que Alberto Iribarne y el resto del gabinete que heredó Kirchner de las administraciones Menem y Duhalde.
El mejor momento del discurso fue que aprovechó con ingenio la frase de Chiche Duhaldecuando dijo que «Buenos Aires no es un hotel que se alquila para una elección». Le tomó el pie y retrucó: «Ayerescuchaba a alguien hablar de que la provincia de Buenos Aires no se alquila. Como si tuviera dueño. Como en los viejos tiempos. La provincia es mía, me la llevo a mi casa», bromeó el Presidente. «No sólo a la provincia de Buenos Aires la alquilaron y la vendieron -agregó-, sino al país todo. Todos sabemos los que nos pasó. Destrozaron económicamente a este país y al capital nacional e hicieron bajar los brazos a toda la sociedad», remarcó el mandatario.
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