26 de noviembre 2003 - 00:00

Más funcionarios imponen limitaciones a la prensa

Han pasado 6 meses de gestión y el gobierno de Néstor Kirchner sigue tropezando con el periodismo. No se trata de que los funcionarios -incluyendo al Presidente- protesten y hasta puteen frente a algún artículo. Eso pasó siempre y sólo la revista «Noticias» se rasgó las vestiduras frente a esos enojos oficiales tradicionales. Es derecho del funcionario protestar por lo que no considera verdad o cree un ataque.Un periodista experimentado como José Ignacio López-, por caso, llamaba a Ambito-Financiero y puteaba en nombre de un presidente absolutamente democrático, como era Raúl Alfonsín. El «Coti» Nosiglia, ministro del Interior del mismo Alfonsín, citaba en su despacho y decía de todo a periodistas por notas o informaciones que no gustaban al gobierno. Es muy distinto el tipo de «citaciones a periodistas-» que hacían los gobiernos militares, desde ya.

Siempre es diferente el caso cuando fuera del derecho tradicional del funcionario de replicar a un periodista se pasa al accionar contra la prensa, lo que está ocurriendo. John Kennedy, cuando no le gustaba una crítica, sólo podía disponer que ese diario o revista no se comprara en la Casa Blanca. Aquí los recursos autoritarios son enormes, desde sanciones en publicidad hasta hacer detener periodistas o clausurar diarios (hasta Isabel Perón sancionó medios).

• Razón

Es grave porque esto se incrementa mes a mes y se da razón a Elisa Carrió, que lanzó la fortísima advertencia que hay nubes de autoritarismo y de riesgo sobre la democracia. Especialmente cuando más allá de los más altos niveles del actual gobierno de Kirchner funcionarios de cualquier rango empiezan a creerse con derecho a actuar con autoritarismo, antidemocráticamente y trabar la libertad de expresión. Tengamos en cuenta que un gobierno de centroizquierda no tenía el antecedente de llegar a la Casa Rosada y por tanto experiencia en el trato con los medios y hombres de prensa desde tal ubicación.

No es democrático, por ejemplo, que el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, haya hecho echar del 5º piso del Ministerio de Economía -en el pasillo, en zonas generales y no reservadas- a la periodista Natalia Donato de «Infobae», amenazándola con recurrir a los guardias.

También es despótico que al periodista de Ambito Financiero, Carlos Burgueño, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, le haya prohibido en Miami la entrada a una reunión con la prensa, pero reservada exclusivamente a quienes son adictos al gobierno. Sobre todo tengamos en cuenta que nuestro diario paga y acredita sus periodistas cuando los envía al exterior porque el gobierno en prensa no hace viajar a quienes pueden criticarlo y sólo gasta en «medios adictos». A este diario no le gusta, nunca le gustó, la política del ministro Lavagna pero él es funcionario público sometido a críticas. Lo que gasta y cobra lo pagan todos los argentinos, no su agencia privada.

• Actitudes

Otro caso fue el del presidente de la Comisión Nacional de Valores, Hugo Medina -un estatista recalcitrante-, quien el jueves pasado convocó a reunión de prensa pero con exclusiones por razones obvias», argumentó. Es otro funcionario que se cree habilitado para limitar la libertad de expresión.

Cuando se dan estas actitudes antidemocráticas desde arriba, todo el sector de izquierda comienza a sentirse también con derecho a silenciar periodistas, desde
Horacio Verbistky hasta Jorge Lanata. Este último dijo el domingo que era «idiota» una crítica que le había formulado este diario por llevar a su programa a los sospechosos detenidos y luego liberados por el caso Belluscio, además de presentarlos como «víctimas», obviamente de la Policía. El juez Conrado Bergesio los liberó «por falta de méritos para continuar detenidos», o sea falta de pruebas contundentes para privarlos de la libertad, pero eso no significa que no sigan vinculados a la causa. En «Día D» los presentaron ya como totalmente inocentes, cuando pueden serlo o no. En el mismo programa admitieron conocer a «Lala», el principal acusado que está prófugo de la Justicia por el caso Belluscio. Con el mismo criterio de que quedaron libres, ¿por qué «Día D» no llevó a su programa y presentó como «víctima» al joven Sebastián Cabello, que estuvo 4 años libre mientras proseguía la causa, hasta que lo sentenciaron a 12 años de prisión?

No es la crítica periodística «idiota», sino los productores del programa. Si no son « idiotas» lo hicieron con mala leche, que es peor.

Hay muchos más ejemplos de estas alarmantes actitudes por quienes locamente creen que la izquierda no es una alternativa de poder, como en Europa, Chile o Brasil, sino que en la Argentina llegó para quedarse para siempre, como si hubiera sobrevenido la « dictadura del proletariado» y nunca más se privilegiara la propiedad privada, la libre empresa, la iniciativa privada y tampoco la libertad de expresión y de prensa.

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