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Algo similar estaría sucediendo en el duhaldismo en estas horas, cuando el «inofensivo» Felipe Solá está tomando intendencias y promete diezmar en su favor -con el aval de Kirchner- la Legislatura bonaerense (es la pesadilla que admiten estar atravesando duhaldistas de los más ortodoxos). Por eso la reunión de Ouro Preto es vista por algunos de ellos como la hora de la liberación. Sucede que, además de negociaciones entre Néstor Kirchner y Lula da Silva, esa ciudad mineira asistirá a la creación del Parlamento del Mercosur. Ese artefacto podría servir para que aquellos que sean elegidos como víctimas políticas por el oficialismo consigan un rol institucional para su exilio. El recaudo de Barrionuevo sería ocioso: la casa más linda ya es la del jefe, Duhalde, que ocupa un fantástico departamento en las estribaciones del golf, en Carrasco.
Maniático de los spa, la pesca en gomón y de andar en ojotas, Duhalde adora Brasil desde antes que Brasil (sus diplomáticos y su actual gobierno) lo adore a él. Este idilio, por el que el bonaerense posee un despacho en Itamaraty, lleva a Jorge Asís a llamarlo «o garoto de Lomas de Zamora». Por eso en el círculo más estrecho de Duhalde se especula con otros destinos: Florianópolis, Maceió, los más conocedores hablan de Ilha Grande, un destino exquisito de los cariocas, cerca de Angra. Pero la lógica institucional exige destinos menos fascinantes. «Si la secretaría general está en Montevideo y el tribunal estará en Paraguay, el parlamento hay que dejarlo en la Argentina», sostuvo un diplomático profesional. ¿Iguazú,a un paso de Brasil? Ya se escucha hablar de esa opción.
Además de polemizar sobre la sede, también hay un debate sobre las facultades y el método de elección de los «mercodiputados» (paráfrasis de mal gusto de «eurodiputados» que aplican los que están pensando la ingeniería institucional del bloque). En este aspecto de la pelea está la dimensión del cuerpo, la cantidad de bancas, la proporción por países y, sobre todo, si los representantes serán elegidos directamente o por los congresos de cada país. Como en el caso europeo, prevalecen las opiniones a favor de una participación directa del electorado.
Sin embargo, no existe acuerdo todavía acerca del alcance de la entrega de soberanía que cada una de las legislaturas locales debería hacer en favor de este nuevo cuerpo. Y tampoco está acordado si habrá alguna intervención de la ciudadanía vía «plebiscitos mercosurianos» en la creación de las leyes.
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