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4 de julio 2008 - 00:00

Militares también esperan compensaciones (en sueldos)

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Los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, ayer en Campo de Mayo, junto a Cristina de Kirchner, Daniel Scioli y Nilda Garré, antes de anunciar la construcción de viviendas para los militares de los grados más bajos del escalafón.
El lunes tendrá lugar la Cena Anual de Camaradería de las Fuerzas Armadas, que año tras año reúne al presidente de turno con los uniformados en vísperas de la celebración del Día de la Independencia. Será el debut de Cristina de Kirchner ante el público castrense en el rol de máxima conductora del instrumento militar, como reza la jerga del Estado Mayor Conjunto. Están invitados todos los ministros del gabinete nacional, legisladores con responsabilidad en la defensa, y hasta el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, quien ya se excusó por cuestiones de agenda: está de viaje por China.

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La cúpula militar espera más que un discurso formal, presionados por las urgencias económicas de los cuadros más bajos que reclaman el aumento de sueldo concedido a la administración pública y que aún no llegó a los cuarteles. A los jefes de las Fuerzas Armadas les ocurre lo mismo que a los cuatro del campo (los dirigentes de las entidades rurales) con las bases: hay amplios sectores de uniformados al límite de sobrepasarlos en búsqueda de respuesta por otros carriles, ahora que se inauguró la figura del ombudsman militar.

Las expectativas de los hombres de uniforme aumentaron por cierta cábala: en la cena de 2005 realizada en el Edificio Libertad de la Armada, Néstor Kirchner dio a conocer un reajuste salarial y ahora la fuerza repite su rol de anfitrión en la misma sede, el tercer piso del Comando de la Marina, aunque hay información en contrariosurgida de la visita que hizo Nilda Garré al cierre del curso de conducción superior para oficiales de la Fuerza Aérea. El miércoles pasado, la jefa castrense cerró el curso y concedió una ronda de preguntas a los alumnos. Apareció la inquietud salarial, pero la ministra contestó con un lacónico: «Se está estudiando», sinónimo de «no hay nada firme», para la comprensión militar.

  • Debilidad

  • Otras especulaciones castrenses derivadas de la extrema debilidad en el cargo del anfitrión, el titular de la Armada, almirante Jorge Godoy, vaticinan que no hay líder político que gaste una buena noticia en la casa de un renunciado. Godoy debe comparecer para indagatoria en la causa del espionaje en Trelew que tramita en el juzgado federal de Hugo Sastre en Rawson, el 14 de agosto. Si todo ocurre como ha sido planificado por el querellante, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Godoy; su segundo, el vicealmirante Benito Rótolo; y el contralmirante Luis De Vicenti, inspector general de la Armada, serán procesados por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Eso siempre que el magistrado no encuentre argumentos y pruebas para recalificar con la asociación ilícita, figura que reprime con cinco a diez años de prisión o reclusión al «organizador o jefe», y no es excarcelable. En esa línea de observaciones reglamentarias, los juristas militares pusieron el foco en otro asunto: el presunto pase a disponibilidad de todos los nombrados -y con ello el relevo del jefe de la Armada-, habida cuenta de que cuando el arrepentido marino Carlos Alegre detonó el caso del espionaje en Trelew en 2006, las autoridades de Defensa ordenaron a Godoy el cese en funciones y la disponibilidad del entonces jefe de la inteligencia, contralmirante Pablo Rossi, y del entonces comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Avilés, a pesar de que aún no había requerimiento de la Justicia federal.

    El almirantazgo y los marinos siguen de cerca el proceso judicial de su jefe. Unos porque se abrió la ventana del recambio y apareció como sucesor el nombre del vicealmirante Enrique Olmedo, ahora que los reglamentos levantaron la veda a los infantes de marina para el máximo cargo, y otros, porque esperan un gesto de ética naval -un paso al costado-que devuelva credibilidad a la fuerza. El menú elegido para la cena de camaradería ayudará a las tensiones estomacales de los marineros: blanco de pavita con jamón serrano y ensalada Waldorf, luego un lomo flambeado al cognac con panaché de legumbres y de postre bavarois de frutillas con salsa de frutos del bosque. Todo regado con Malbec Los Haroldos y espumante Petigny para el brindis, que será televisado en directo por el canal de televisión estatal.

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