26 de marzo 2007 - 00:00

Miserias y prontuarios en el acto cordobés del Presidente

Néstor Kirchner encabezó en el ex centro clandestino de detención La Perla, el acto por el31 aniversario del golpe de 1976.
Néstor Kirchner encabezó en el ex centro clandestino de detención La Perla, el acto por el 31 aniversario del golpe de 1976.
Néstor Kirchner observó el cuarto de paredes negras y de techo inusualmente bajo que en los 70 funcionó como sala de tortura de La Perla, centro de detención donde pasaron 2.500 personas y en el que, por testimonios y pesquisas, se estima que fueron asesinadas unas 600.

Casi en silencio, guiado por Mirta Iriondo, Liliana Collizo, Carlos Vadillo y Juan José «Toto» López, recorrió las barracas, los baños. Un detalle: a diferencia de otros complejos, como la ESMA, la imagen de La Perla permanece, según los relatos, muy similar a los años oscuros.

«Muy conmocionado; sorprendido» se lo notó a Kirchner según contó un protagonista del recorrido por los pasillos y rincones del predio. Lo mismo ocurrió con los ministros Aníbal y Alberto Fernández, y, sobre todo, con Carlos Tomada, que moqueó en más de una ocasión.

«Acá estaba el submarino». «Contra esa pared, estaban tiradas las colchonetas». «Detrás de este revoque estaban los huecos que funcionaban como duchas». Por turnos, Iriondo, Collizo, López y Vadillo, actuaban como guías en esa expedición al terror.

Fue la coronación de un acto, frente a unas 10 mil personas, que Kirchner encabezó al cumplirse 31 años del golpe militar de 1976 y que, como ocurrió con la ESMA en 2004, concretó la transferencia del predio donde funcionó La Perla a organismos de derechos humanos.

Desde ese palco, el patagónico amenazó a la Cámara de Casación (ver nota aparte) y, sin nombrarlo, trató de « cobarde» a Luciano Benjamín Menéndez, ideólogo y promotor del complejo La Perla, el «centro de operaciones» de mayor envergadura del interior del país. (No se conocían expresiones así de Kirchner sobre Menéndez, aunque fueran posteriores a 1983, cuando cayó el régimen militar.)

  • Detalles

    Menéndez fue un elemento muy tenido en cuenta por el equipo presidencial encargado de organizar el acto del sábado. Ese fue uno de los detalles que pasaron inadvertidos. Veamos:   

  • El ex militar vive en Palermo Bajo, una zona de Córdoba capital. Por la edad, permanece con arresto domiciliario, procesado por la causa del III Cuerpo del Ejército, que operaba desde Córdoba. El día del acto un grupo de militantes de izquierda hicieron un escrache frente a la vivienda del ex militar. La Casa Rosada siguió con extrema atención el caso Menéndez porque se lo considera «todavía activo» y que, además, genera « simpatías en algunos sectores de la sociedad», tal como explicó ayer una fuente del gobierno. De hecho, según citó, hasta aparecieron paredones pintados con consignas a favor del ex militar. Otro dato: hace unos meses, Menéndez quebró su arresto domiciliario y se trasladó al hospital militar. «No es Massera, que está con un respirador, postrado; Menéndez está activo, opera», se argumentó. El alerta lo debe compartir Oscar Parrilli, que en un movimiento inusual viajó con 24 horas de anticipación a Córdoba para fiscalizar en persona los pormenores de la organización de la ceremonia.

  • Pero Menéndez no fue lo único que empujó al secretario general de la presidencia a instalarse desde el viernes en la provincia. También incidió el nivel de conflicto que se registra entre las facciones kirchneristas o seudokirchneristas cordobesas, puntualmente entre los grupos de José Manuel de la Sota y Luiz Juez, al que ahora se debe agregar una tercera «banda»: la que se ordena detrás de Héctor «Pichi» Campana, ex basquetbolista que se mueve en tándem con el secretario de Transporte, Ricardo Jaime. ¿Temor a incidentes? Algo más llano: cierta preocupación por el perceptible forcejeo entre los distintos grupos por colgarse del brazo de Kirchner para sacar algún rédito electoral. El patagónico lo bastardeó: los excluyó en un palco lateral, que en un exceso de precaución se dividió con una valla para que Juan Schiaretti, el vice de De La Sota y candidato del PJ, no se encuentre con Juez. En tanto, como un mayordomo atento, Jaime fue a buscar una silla para que Campana tenga un lugar en la primera fila con los ministros nacionales, pero el deportista tuvo al final que darle su butaca a Carlos Zannini.   

  • Schiaretti tuvo otro ataque de furia: se peleó a los gritos con la custodia presidencial para que dejasen que su fotógrafo ingrese a la sala de torturas, donde pasó más de un militante que a principios de los 70 estuvo bajo el mando del actual vice cuando, en la universidad, era jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), grupo armado que -como se sabe- luego se fusionó con Montoneros.Atajos de la historia, Schiaretti es hoy «el» candidato de José Manuel de la Sota, que por aquellos años tuvo una activa participación en el bando opuesto: participó del «putch» que, en 1974, volteó de la gobernación a Ricardo Obregón Cano. Se lo ubica, además, como funcionario de la municipalidad de Córdoba en aquel entonces. Precavido, De la Sota evitó estar en el acto del sábado, para lo cual tuvo, incluso, que cambiar su vuelo: tenía previsto partir ayer, domingo 25, pero decidió viajar a Canadá vía EE.UU. para partir antes del sábado.

  • Las disputas sobre el palco de los funcionarios -hubo otro donde estaban organizaciones, en el que se evitó reunir a Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, quienes aceptaron que el protagonismo del acto lo tengan dirigentes de DD.HH. de Córdoba- tuvieron su espejo en el « campo», donde una tardía columna del MTD Evita intentó llegar hasta el pie del escenario para hacer flamear sus banderas, pero chocó con los militantes de Barrios de Pie. Luego, la columna de la JP Evita se desplazó y terminó a los golpes con la columna del sindicato de los gráficos. Fue un incidente de poco impacto, más si se observa que del evento participaron piqueteros kirchneristas y grupos sindicales -como Mercantiles de Armando Cavalieri, o de Luz y Fuerza- sin que haya enfrentamientos.
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