El juicio político a Eduardo Moliné O'Connor puede derivar en un absurdo: que tres Cortes deban intervenir en el insólito proceso que se inició en el Congreso. La primera Corte Suprema, la que integró el ministro enjuiciado, se abstuvo por decoro de analizar el recurso de queja que interpuso la defensa para insistir en la recusación de Cristina de Kirchner. Hubo un sorteo de conjueces entre camaristas que reemplazarán a los 7 supremos en funciones. Pero el tema no quedó resuelto. Hoy, los acusadores de Diputados, encabezados por el peronista Ricardo Falú, pedirán la intervención de otra Corte sin magistrados, integrada por abogados notables como Ricardo Gil Lavedra y León Arslanian, promovidos en su momento por Eduardo Duhalde.
En consecuencia, reclamarán la nulidad del sorteo de suplentes de los actuales ministros -quienes, por decoro, se abstuvieron de estudiar el caso-, lo cual permitiría la intervención de los presidentes de cámara. A fines de setiembre de 2002, Duhalde hizo aprobar en el Senado una nómina de 9 conjueces para que intervinieran en circunstancias en las cuales estuvieran inhibidos los integrantes de la cabeza del Poder Judicial o los sucedáneos naturales, los responsables de las cámaras de todo el país. Cuando nada lo hacía prever, a criterio de Falú y compañía llegó el momento de hacer actuar a esa Corte virtual que todavía no debutó.
Dejá tu comentario