23 de agosto 2002 - 00:00

Movió la Corte: un caballo muerto en la cama de Duhalde

"El que avisa no traiciona.» Y Julio Nazareno, un día antes, le anticipó al gobierno que la Corte Suprema trataría -a favor, seguramente- la inconstitucionalidad de la reducción salarial de 13% para jubilados y empleados estatales, determinada en tiempos de Fernando de la Rúa, que complica seriamente a Economía en su negociación con el Fondo Monetario. No fue Nazareno el único que alertó por la medida aprobada ayer, claro, y por supuesto esa advertencia múltiple fue motivo de debate dentro de la Casa Rosada y de urgentes mensajes para contenerla. Pero no hubo caso, a pesar de un extraño cuarto intermedio en el mediodía de la víspera cuando ya todo parecía decidido (no se alcanzó la unanimidad debido a que Antonio Boggiano exigía la aprobación de otro expediente y Augusto Belluscio se apartó con otro razonamiento). Cuarto intermedio que sirvió para aligerar el contenido de la sentencia.

No llegó ninguna oferta concreta desde el gobierno para impedir la resolución y la Corte movió su primera pieza luego de las deliberaciones que se arrastran desde que Eduardo Duhalde impulsó el juicio político en el obediente Congreso y luego se vio obligado a demorarlo. Pero no a levantarlo. Ayer, con su decisión, la Corte le advirtió que hay otro poder, tan importante como el suyo, en la trilogía que establece la Constitución. Arriesgado movimiento sin duda y, a él, ajedrecista sin Elo, le resta contestar con la venganza, si es que aún tiene fuerza para hacerlo.

En términos crudos, se sabe que Duhalde accedía a levantar el juicio político si dos miembros de la Corte le garantizaban la renuncia al cuerpo (también él, como otros mandatarios, requiere de un instituto adicto, sobre todo para cuando deje el gobierno). Pero los 9 miembros, si bien se comprometían a desprenderse de dos hombres, antes exigían -por su buen nombre y honor-que el Parlamento tirara al cesto el baldón del juicio político. Como se imaginaban traiciones mutuas, ninguno procedía. Entonces, desde el gobierno se imaginó una ignominia propia de la cultura bonaerense: que dos ministros entreguen la renuncia postdatada al levantamiento del juicio y, mientras tanto, se guardaban en una caja fuerte las dimisiones. Se puede decir de todo de la Corte, pero ese método excedía la ética de los 9, el respeto que pueden tener por sí mismos. Y se empantanó la negociación porque Duhalde desconfiaba de las renuncias posteriores -también de que le fallaran a favor en ciertos casos como el de los amparos bancarios o la reducción salarial de 13%- y, al mismo tiempo, estaba confiado en que la Corte no se atrevería a pronunciarse contra las medidas demandadas por el gobierno. Se equivocó, no sus mensajeros (Juan José Alvarez, Horacio Jaunarena, Eduardo Camaño), quienes le señalaron que los 9 miembros o, al menos una fuerte mayoría, ya se habían hartado de tanto trasiego deliberativo.

Y sucedió ayer no sólo por el hartazgo: hasta ese momento, la Corte insinuaba tratar otro caso que no era justamente el de la reposición de 13%. Tenía en sus manos el pronunciamiento, a favor o no, de una presentación que cuestionaba la legitimidad constitucional de la presidencia de Duhalde. Esa espada de Damocles desapareció en forma curiosa y trágica la semana pasada: el abogado que inició la causa -Pedro Prada Errecart-, singularmente de Lomas de Zamora, la tierra de Duhalde, fue asesinado en un hecho en apariencia pasional. Y el crimen, además de desaparecerlo físicamente, también implicó el fin de la causa por falta de sustancia legal. Algo así como lo del perro y la rabia, aunque suene irrespetuoso para la memoria del letrado. Como algún miembro de la Corte, temeroso tal vez de que el caso Prada Errecart tuviera implicancias políticas, se impulsó el tratamiento de 13%.

• Promesas

Había otras razones, claro. Escucharon declaraciones de Carlos Menem y otros candidatos prometiendo en campa-ña que repondrían 13% si llegaban al gobierno y, simultáneamente, también se enteraron de que a pesar de la negociación con el FMI, fuentes sindicales cercanas a Duhalde (tipo Luis Barrionuevo, José María Díaz Bancalari o Ginés González García, un pródigo con los gremios) influían sobre el sensible mandatario para congraciarse con los jubilados y la temible fuerza del ATE (Víctor De Gennaro, hoy en el ARI). Entonces, ante estos datos, deben de haber reflexionado: ¿por qué debemos apartarnos de la fiesta populista y convertirnos nosotros en los malos de la película para pasivos y activos del Estado que fueron castigados por De la Rúa? Más conciencia de este clima que no los beneficiaba lo tuvieron en la tarde de ayer: venía una manifestación de estatales y amenazaba detenerse con un escrache frente al Palacio de Justicia y, ellos, que nunca trabajan en ese horario (en la víspera algunos lo hicieron como anomalía), pensaron que serían sometidos otra vez a una humillación. Actuaron en consecuencia aunque el temor duró poco: la Corte no estaba en la mira de los manifestantes, quienes pasaron sin detenerse por Talcahuano y Lavalle con otro tipo de demandas. Más paradojas de la vida.

Con independencia de la réplica de Duhalde, ciego e indignado en las últimas 24 horas con la Justicia en general -expresó con disgusto «que hagan lo que quieran»-, todavía a la Corte le quedan algunos cartuchos que pondrían más nervioso al Presidente. Pende la decisión sobre los amparos y otra en torno al operativo judicial que encabeza el juez Claudio Bonadío que mantiene en prisión a 40 militares e insinúa la detención de otros tantos, por lo menos. El caso castrense, al mandatario no le quita el sueño a pesar de las advertencias del Ejército, al que supone más calmo porque les entregó un adicional en los salarios (como si fuera un caso de contención semejante al de los piqueteros). También les prometió que ningún militar será extraditado, como si ésa fuera la única preocupación en la fuerza. Lo de los amparos, en cambio, sí lo trastorna debido a las presiones de Lavagna y a la prioridad impuesta en ese sentido por el FMI. Pero en ambos casos no lo asusta la urgencia: el Ejército es dócil, el magistrado se ha vuelto moroso y los amparos parecen congelados por el decreto de la suspensión por 120 días. No cuenta, como no contaba hasta hace 48 horas, que el tiempo ha comenzado a fijárselo la Corte y que cualquiera de los dos temas -como el de 13%- entra en crisis con un fallo adverso. Se despertó con un caballo muerto en la cama justo cuando hace una semana festejaba en Olivos creyendo que «lo peor ya había pasado». Aunque, para ser justo, lo que le pasó ayer es una señal; el problema, pagar, será para el futuro gobierno. Como todo.

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