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La ocasión en la que Moyano resolvió por sí mismo la política de la CGT no podía ser más placentera para él. Como adelantó este diario, el camionero recibió ayer a 20 delegados de la obra social docente, OSPLAD, quejosos de que sus «patrones», los gremialistas de CTERA, les querían hacer firmar actas en las que se suspendían sus derechos salariales para atenuar la asfixia financiera de la entidad, en concurso de quiebra. Moyano pretende cobrarse de este modo la tentativa de aplastamiento que hizo Néstor Kirchner a fin de año, cuando intentó darle la personería gremial a la Central de Trabajadores Argentinos. Esta CTA es conducida por Víctor De Gennaro y tiene a CTERA entre sus afiliados. CTERA es la que controla OSPLAD, en quiebra. Kirchner aseguró a los triunviros de la CGT que CTA no tendría personería gremial pero, por las dudas, Moyano decidió denunciar a sus competidores delante del gobierno nacional, por conculcar derechos laborales de sus empleados. Ayer se comunicó con el ministro de Educación, Daniel Filmus, habló con la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, y le dejó varios mensajes al de Salud, Ginés González García. En todos ellos despotricaba por lo mismo: «Estos amigos suyos de la CTA están dejando a la gente en la calle de la peor manera». Desde el lado de los denunciados, silencio de radio. Temen, con razón, que las recriminaciones se extiendan al plano electoral, donde Martha Maffei, titular de CTERA, competirá como candidata a gobernadora por el ARI de Elisa Carrió en la provincia de Buenos Aires.
De todos modos, De Gennaro y Maffei ya desconfían de Kirchner. Y no sólo porque la personería gremial prometida no llegó nunca. También les duele la aproximación del gobierno a Andrés «Centauro» Rodríguez, el titular de la Unión del Personal Civil de la Nación. Este gremio compite por el control de los empleados públicos con la Asociación de Trabajadores del Estado de De Gennaro. Rodríguez ya tuvo varias reuniones con Alberto Fernández, el jefe de Gabinete y contraparte de los empleados estatales en la paritaria del sector. El último de esos encuentros se realizó en la sede Capital del gremio, pero no tuvo que ver con la vida sindical: el «Centauro» es una figura clave de la interna del PJ porteño (sólo equiparable a Víctor Santamaría, de los encargados de edificios, y a Miguel Angel Toma). Alberto Fernández, como se sabe, pretende el control de ese partido y por eso se dispuso a pactar con Rodríguez. No está claro si el jefe de Gabinete captó cuáles son las expectativas del sindicalista, algo tímido en la formulación de sus deseos: sólo quiere convertir a su hija, muy politizada, en candidata a legisladora porteña. «Tiene ganas de participar», le dijo a Fernández en la reunión y no se animó a más, como si estuviera hablando con su patrón (en rigor, lo es). De cualquier modo, «Centauro» ya le sacó bastante a su gravitación porteña: consiguió que se apruebe una categoría de empleado de planta transitoria que, sin ser personal estable de la administración,aporte a la obra social y al sindicato a diferencia del simple «contratado». El jefe de Gabinete aprobó la existencia de esa especie de «purgatorio» sindical.
El pase de Andrés Rodríguez al oficialismo es lo último que podría esperar De Gennaro del gobierno de su amigo Kirchner. La noticia lo debe tener decepcionado, casi tanto como a Mauricio Macri, quien en las elecciones de 2003 había encontrado en el «Centauro» a un gran puntero electoral.
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