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2 de octubre 2008 - 00:00

Moyano manipula conflictos para presionar al gobierno

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De «ministro número 13» a agitador secreto: el tránsitode Hugo Moyano en su fluctuante relación con los Kirchner vuelve a ubicarlo, por estas horas, en la vereda de enfrente, sin manifestación explícita, pero con una inocultable postura crítica.

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Desde hoy, en los puertos de todo el país -aunque con epicentro en las terminales porteñas y bonaerenses- los gremios iniciarán una serie de medidas de fuerza que, de no mediar una intervención de la Casa Rosada, mutará a partir de mañana en un paro de 72 horas.

Los promotores de la protestason Cayo Ayala y Juan Carlos Schmid, dúo que ordena la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval ( Fepinra), y que tiene vínculos hiperestrechos -sobre todo Schmidt, de Dragado y Balizamiento- con el jefe de la CGT.

La razón del paro no admite grises: los moyanistas anudan la queja por la continuidad de la «tablita de Machinea», la falta de controles a empleados tercerizados en los puertos y la «ausencia de una política fluvial». Los tres puntos impactan en el gobierno.

Esta vez, Moyano no movió un dedo para aplacar los ánimos de los portuarios. Es su modo de transmitirle a Cristina de Kirchner, pero esencialmente a Néstor Kirchner, su malestar por lo que considera un destrato y la falta de respuestas a sus pedidos desde la CGT.

El lunes este diario lo contó en detalle: Moyano se siente traicionado y defraudado por el matrimonio presidencial al que imputa no cumplir con «los compromisos». Así se lamentó la semana pasada en una charla reservadísima con sus laderos más cercanos.

Ese desapego explica, al menos en parte, su inactividad para desactivar la protesta de los portuarios. ¿Es peor la situación de los puertos y sus trabajadores en comparación con un año atrás? Los gremios admiten, entre velos, que no. Por eso el paro sólo lo explica una reacción política.

Es más. Entre las medidas que impulsará el dueto Ayala-Schmidt una resulta particularmente urticante: planean una catarata de presentaciones judiciales para que a los afiliados de sus gremios les dejen de «retener» los porcentajes correspondientes a Ganancias.

  • Impuesto

    Todo se explica: en la actividad portuaria, ligada a las exportaciones, los sueldos promedios oscilan entre 5.000 y 6.000 pesos, por lo que el grueso de los empleados, a pesar de la última suba del mínimo no imponible, sigue tributando Ganancias.

    Ausente o provocador, el gobierno se mantiene impávido. En el paro anterior, un mes atrás, se acordó una mesa de diálogo para discutir las demandas de los portuarios. La negociación la llevó adelante Julio De Vido, pero participaron, además, funcionarios de Economía, la AFIP y Cancillería.

    «Fue para tomar café», se quejaron, ayer, en la Federación para explicar que no hubo ni siquiera una oferta para apaciguar la belicosidad gremial.

    Anteayer, un rato antes de la asamblea que resolvió la protesta, hubo un sondeo más pero ante Carlos Tomada, el ministro de Trabajo.

    «Hagan algo porque si no esto se va a poner duro», lo desafió Schmidt al titular de la cartera laboral.

    El ministro sólo devolvió una dosis de silencio zen.

    Desde anoche, los afiliados a los más de 10 gremios nucleados en la Fepminra, se niegan a hacer horas extras. ¿ Motivo?: lo que ganan, dicen en los gremios, es para que luego se lo lleve el fisco por medio de los descuentos por el Impuesto a las Ganancias.

    En escalada, la protesta virará desde mañana en un paro total de actividades que se extenderá durante todo el fin de semana.

    El caso de los portuarios podría responder puramente a demandas propias, desvinculada de las tensiones políticas, si no formara parte de una secuencia de protestas de gremios del transporte, todos ligados a Moyano, que se sucedieron en los últimos 45 días.

    En todos, la actividad del camionero fue igual: no sólo no apaciguó sino que hasta llegó a treparse a una tribuna para amagar con que si no se arreglaba la situación de algunos sectores podría, incluso, llegar a proponer en la CGT un paro general.

    Ocurrió cuando, en paraleloa los portuarios, su hijo Pablo bloqueaba cerealeras y estuvo a un tramo mínimo de hacer un paro de camioneros.

    Medió Trabajo y «Pablito», adjunto de su padre en Camioneros, consiguió la promesa de mejorar la situación laboral de sus representandos y, además, el guiño para buscar un atajo para sumar empleados de las cerealeras a su gremio. Ocurrió con el personal de logística de supermercados.

    En otras dos ocasiones recientes, Moyano no se preocupó por contener a sus caciques aliados: Omar Maturano de La Fraternidad paralizó los trenes por unas horas y Roberto Fernández hizo lo mismo con los colectivos y sólo una rápida intervención de Carlos Stornelli impidió que ayer vuelva a convocar al paro.

    Lo curioso es que, como con los puertos, sobre un escenario hipotéticamente similar a un año atrás, los sindicatos actúan con mayor dureza. Maquinistas y colectivos se quejan de la inseguridad. ¿Se sienten, ahora con Cristina, más inseguros que cuando gobernaba Kirchner?

    Cualquier respuesta supone un alerta para la Casa Rosada: o la situación se deterioró y eso justifica las protestas o, Moyano y los suyos, comenzaron un delicado, y peligroso, movimiento de tropa.
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