ón General del Trabajo (CGT) eligió a su nueva conducción en el congreso normalizador en Obras, a simple vista parecía que la única presencia femenina estaba en el escenario.
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Una bandera con la cara de Eva Perón se montó detrás de la mesa que encabezó el triunvirato conformado por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid, y Carlos Acuña. En la otra mitad, claro está, la imagen de Juan Domingo Perón.
Ese día, los sindicalistas se dieron cita con su uniforme gremial de punta en blanco: la camisa, el pantalón de jean y la infaltable campera de cuero. Sin embargo, los cientos de papelitos repartidos al inicio del cónclave daban cuenta de un faltante. La consigna de los volantes era clara: "Están todos en la mesa. Menos nosotras".
Pero esa frase tenía un reparo. De un total de 37 secretarías que conforman la central obrera, sólo dos de ellas quedaron en manos de mujeres: Sandra Maiorana (Asociación de Médicos) al frente de la Secretaría de Salud, y Noé Ruiz (Asociación de Modelos Argentinas) en la Secretaría de Igualdad de Oportunidades y Género.
Si bien la ley 25.674, de cupo femenino en los sindicatos, está sancionada desde noviembre 2002, en la práctica no se cumple. De acuerdo a su texto, "cada unidad de negociación colectiva de las condiciones laborales, deberá contar con la participación proporcional de mujeres delegadas en función de la cantidad de trabajadoras de dicha rama o actividad", es decir que la cantidad de mujeres delegadas se decide de acuerdo al nivel de afiliación femenino.
Además, la ley consigna que "la representación femenina en los cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales será de un mínimo del 30%, cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de los trabajadores".
Al momento de su sanción, la entonces ministra de Trabajo, Graciela Camaño, dijo que
, la necesidad de contar con una mirada de género a nivel sindical, se hace evidente.
. Pero varios actores del feminismo reclaman mayor participación de la mujer en el sindicato, y fundamentalmente, en la negociación salarial.
"La foto de la negociación del bono de fin de año demuestra claramente desde qué lugar de poder están discutiendo los sindicatos y los políticos hoy", ilustra Cecilia Merchán. Allí, la única mujer que participó fue la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.
Sin embargo, para las sindicalistas de la CGT, la lucha debe darse dentro del aparato sindical. "Yo lo valoro, porque para las que venimos de una lucha como la mía, cualquier papel es maravilloso. Pero sinceramente no mueve nada eso", sostiene Ruiz. "Muchas veces me dije 'estoy harta', pero la pelea hay que darla ahí, los sindicalistas ponemos el cuerpo, y la cara", añade.
Según la exmodelo, "la cartera de Trabajo debe ser la encargada de controlar las listas sindicales, y en los últimos años dejó de hacerlo. Esos papelitos en realidad se deberían haber puesto en el ministerio. Se equivocaron de lugar".
Más allá de las diferencias entre las sindicalistas, todas coinciden en algo: l
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