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•Tonos
•Resurrección
Advertido, levantó el ánimo cuando enmendó a Romano, que lo había precedido en la palabra, al decirle que los niños no se mueren sólo en la provincia de Buenos Aires -denuncia que había usado el jefe de la peña en su discurso-, sino en todo el país. La enmienda tuvo sabor a reprimenda, ya que a Menem no le gustó que el anfitrión diera un discurso anunciando medidas como si fuera un candidato.
Hubo lugar también para repasar amigos, como Rodolfo Terragno (negociador de su asunción adelantada en 1989), Arturo Frondizi y Emilio Perina. «Hay que leer, pero también aprender de lo que se lee y sintetizar las enseñanzas en la práctica», aconsejó sobre los dos últimos. Tal alusión a las fronteras de la teoría y la práctica le inspiró el hallazgo de la noche, una frase que sólo puede regalarle Menem a su público: «¡Se terminaron los acomodos -bramó en un pasaje de su pieza, totalmente improvisada-, viene lo que recuerda la Biblia, ganarás el pan con el sudor de tu frente. Sí, con el trabajo del músculo y también con el trabajo del intelecto... (duda como sin saber cómo rematar; el público suspende la respiración)... que es el que viene ganando terreno en los últimos tiempos...» (aplausos de alivio).
El final lo dedicó a aclarar de nuevo que no está en favor de la guerra en Irak. «La neutralidad tiene límites, no se puede estar disimulando frente a los gobiernos de dictadores y narcotraficantes, que le han hecho tanto daño al mundo», bramó el ex presidente. Insistió en que nunca estuvo en favor de la guerra, pero que había sido Irak quien había dinamitado cualquier posibilidad de paz en Medio Oriente. Recordó que le envió una carta a George Bush (padre) pidiéndole que agote los medios para lograr la paz.
Luego se regodeó al recordar que en un reportaje reciente, el periodista en un acto fallido le dijo «presidente».
Connotando la severidad, Menem permaneció durante todo su discurso rodeado de un vallado de guardaespaldas en una medida inédita en sus actos. Se dijo que no era por miedo a un atentado, sino para alejar a quienes se abalanzaban durante la comida para saludarlo. El área de Costa Salguero, donde se hizo la cena a un valor de $ 30 el cubierto, es custodiada por la Prefectura, que está en estado de emergencia por atentados ligados con la guerra de Irak y a eso se atribuyó tamaño despliegue de seguridad.
Al final tuvo un recuerdo para su ausente esposa, Cecilia Bolocco, que está un tanto deprimida. «Para mi nunca bien amada», dijo el ex presidente.




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