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El entusiasmo oficial, observado en la Casa de Gobierno y en los búnkers de «Cristina a Buenos Aires», se funda en que en la última interna rosarina, el justicialismo convocó a 473 mil almas a las urnas y el socialismo, hoy primero en las encuestas, a 388 mil. Ese espíritu de militancia halaga al kirchnerismo y, como devolución de esfuerzos a esa presencia masiva, promueve una cita «nacional» en el club Newell's Old Boys para el 24 de este mes. Es notable observar cómo el kirchnerismo es hoy la única expresión política del país que organiza actos políticos en todas partes, con el Presidente como protagonista y paralizando actividades en distintos puntos del país (sobre todo, en la provincia de Buenos Aires).
Necesitado de buenas noticias, sobre todo en esa provincia, Kirchner aprovecha esa contingencia y convoca al acto en el club de fútbol, imaginando que la concurrencia a la última interna le abre expectativas favorables en un distrito que ya daban perdido de antemano. Por si no alcanza su voz ni la de su mujer, llevará en dulce hilera a los gobernadores justicialistas en la esperanza de que esa movilización alentará la grilla electoral que alienta la Casa Rosada. Intentará cualquier esfuerzo para ver si modifica un viento contrario en Santa Fe, sabiendo -aunque no lo reconocen- que la masividad peronista del domingo pasado en nada parece relacionarse con el ánimo de la población (hoy volcada al socialismo de Binner).
Puede ser posible, además, que la excepcionalidad de la concurrencia se compare a los ejercicios de los partidos comunistas en otros tiempos en la Argentina: a los actos iban los mismos que luego asistían a las urnas. Con lo que había, siempre, una visión previa, desenfocada, al menos con lo que luego revelaban los escrutinios.
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