20 de junio 2002 - 00:00

Neuquén y R. Negro acordaron la fusión de las dos provincias

Jorge Sobisch y Pablo Verani firman el Tratado de Integración Patagónica
Jorge Sobisch y Pablo Verani firman el Tratado de Integración Patagónica
Viedma, Río Negro (especial de «La Mañana del Sur») - El contexto de país, el contenido preciso del documento firmado ayer por los gobernadores Jorge Sobisch y Pablo Verani y el rol futuro que éste le da a sus provincias, le permitió afirmar ayer a los protagonistas que el Tratado para la Integración de la Patagonia firmado tiene amplias posibilidades de ir plasmándose en la realidad. Ninguno de los mandatarios se animó a fijar plazos sobre los próximos pasos a dar, pero saben que la integración institucional de ambos territorios «demanda inmediatez», como sostuvo Verani, y «una acción sostenida y permanente», como definió Sobisch. Lo concreto es que se anunció el plebiscito para determinar la unificación de Neuquén y Río Negro dando origen a un nuevo Estado-región, cuyo posible nombre sería Confluencia. A la consulta popular le pondrá fecha una comisión de funcionarios representantes de las provincias firmantes, y eventualmente de las que firmen en el futuro.

Apenas pasada la una de la tarde se firmó «el acuerdo en el Salón Gris de la gobernación local, iluminado por sus tres arañas de cristal y decenas de reflectores de la televisión regional y nacional. La unificación de la Policía, la fusión de municipios, un poder de policía conjunto sobre los recursos naturales, compartir entes reguladores, unificación de impuestos y criterios idénticos frente a contratos petroleros, además de propiciar la fusión de municipios, son algunos de los aspectos centrales sobre los que se piensa trabajar en función de la decisión política de ambos de «regionalizar» la Patagonia.

A la decisión política la acompañan determinantes variables económicas: la posibilidad de controlar 60 por ciento de la producción de petróleo del país y 80 por ciento del gas, a lo que se suma el potencial de los recursos «renovables» basados en la producción frutícola y la actividad pesquera. Sobisch rompió el fuego explicando su evaluación del tratado, iniciando su exposición dirigiéndose a Verani como «compañero y amigo», tras lo cual desgranó las bases que permitieron arribar al acuerdo. En este punto, resaltó que «lo mejor que tienen nuestras provincias, son nuestros pueblos». Al repasar la situación actual de las provincias patagónicas, admitió que «hay algunos sectores menos desarrollados», pero propuso como consigna de trabajo «dejarnos de discutir el pasado».

En el centro de la escena se acomodó también Arturo Puricceli, ex gobernador de Santa Cruz y secretario de Provincias del Ministerio del Interior, quien calificó a los procesos de integración como «la única manera de enfrentar la globalización». Su presencia, tuvo para todos un solo significado: el consentimiento y apoyo de Eduardo Duhalde al suceso que se terminaba de producir. Sobisch, inclusive, reiteró que en la noche del martes pasado recibió el apoyo expreso del Presidente a la nueva idea, tal como había anticipado este diario.

• Aspiración

No hay medias tintas en el documento, porque no sólo se «lanza la idea» de unificar criterios en la administración del Estado, sino que se deja en claro la aspiración de crear una nueva provincia integrada por todas las provincias patagónicas. Verani arremetió con su voz cascada con un «amigo Jorge» y luego se tomó su tiempo para citar antecedentes históricos de la geopolítica nacional, haciendo referencia especial al trazado de los límites provinciales a fines del siglo XIX «en un escritorio de Buenos Aires». «Quiero quitarle formalidad», advirtió sobre el tono de su discurso, y de alguna manera cumplió porque al reflejar los cuestionamientos que está recibiendo «la idea», aclaró que «quien sospeche que esto obedece a las aspiraciones políticas del gobernador de Neuquén, o a que yo me quiero llevar la capital a Roca, es un tarado». Fuera, las calles habían amanecido con plagas de afiches y volantes donde se defendía la «capitalidad» de Viedma y donde se aventuraba un futuro similar al de Sierra Grande en el caso de que un día levanten vuelos diputados, ministros, directores, cafeteros y cadetes (ver aparte).

El rionegrino, si bien destacó que el acuerdo firmado a simple vista luce
«muy atractivo», fijó sus propias pautas de trabajo al expresar que «es necesario saber para qué lo hacemos, cómo lo hacemos y para quiénes». En lo inmediato, y ya en el terreno de la práctica, el objetivo es lograr que las legislaturas provinciales y las cortes de Justicia de ambas provincias adhieran al documento emitido ayer.

El siguiente paso político es
arrancar una expresión similar al Parlamento Patagónico, para luego entrar en contacto directo con el resto de los gobernadores. Sobisch anunció que en breve comenzará una gira que incluirá Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. La independencia de un Estado, sin dudas, está vinculada al manejo de los impuestos y los gobernadores manifestaron que quieren revisar el actual esquema por el cual primero recauda la Nación, que luego «coparticipa» una parte a las provincias. «Forma parte del debate, pero no como algo previsto para perjudicar a la Nación, sino para dejar de repartir pobreza», acotó Sobisch.

Casi dos horas duró la ceremonia, a la que asistieron miembros de ambos gabinetes de ministros y representantes parlamentarios, como diputados provinciales, nacionales y senadores.
También se acomodaron en torno a la extensa mesa varios intendentes, entre ellos el local, Gustavo Costanzo, y el de la capital neuquina, Horacio «Pechi» Quiroga.

La visita culminó con un almuerzo de pocos invitados en la residencia del gobernador Verani, que se extendió hasta las cuatro de la tarde, hora en la que Sobisch emprendió el regreso a Buenos Aires, dejando flotando en el aire una definición habitual en boca de Verani y que da idea clara de cómo se encara la regionalización: «Hay que respetar lealtades y códigos».

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