9 de enero 2004 - 00:00

No confundir cortesía protocolar con realidad política efectiva

Que la relación entre el gobierno argentino y la administración de George W. Bush venía deteriorándose no era en Washington un secreto para nadie que siguiera de cerca este tema, a pesar de que en Buenos Aires se insistía en la cordialidad de ella, confundiendo la protocolar cortesía con la realidad política efectiva.

Desde el punto de vista de los EE.UU., en los peores momentos del «default» argentino Buenos Aires pidió específicamente el apoyo de Washington para torcer la dura posición que adoptaban la conducción del FMI y buena parte del G-7 (Grupo de los 7), y la obtuvo. Destacados miembros del Partido Republicano señalaron en varias oportunidades que esto había significado un «costo político» para G.W. Bush. Para la administración republicana, el hemisferio sigue teniendo un interés relativo frente a cuestiones mucho más acuciantes (Irak, Afganistán, Medio Oriente, la guerra contra el terrorismo, China, o la Unión Europea), lo que no significa que no existan puntos o temas regionales que periódicamente saltan en la «pantalla del radar»: el más viejo (en edad y supervivencia) es Fidel Castro, su política regional y su récord de violación constante de libertades y derechos humanos. Hugo Chávez en Venezuela, con su idea de expansión de la «revolución bolivariana», su apoyo irrestricto a Fidel, o sus cordiales relaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La caída del presidente Sánchez de Lozada en Bolivia, un líder democráticamente electo tumbado ante la indiferencia cómplice de la Argentina, a pesar del pedido de Washington para apoyarle, unido al explícito apoyo brindado al dirigente cocalero Evo Morales fue, a no dudarlo, una señal más de alarma.

La guerra que se viene desarrollando en Colombia contra los grupos del narcoterrorismo constituye otra cuestión contenciosa. En estos puntos que utilizamos a modo de ejemplo, Washington percibe que no encuentra sino oposición o desinterés por parte de Buenos Aires.

En los últimos meses de 2003, el gobierno del presidente Néstor Kirchner envió diversas señales a Washington para indicar que no se prestara atención a la retórica y a gestos que nada significaban, dado que la Argentina es un aliado confiable de los EE.UU. La respuesta, también oficiosa, fue que la Argentina debería mantener en público la misma «normalidad y amistad» que profesaba en privado y respaldarla con hechos más que con declaraciones. En el transcurso de su última visita a Washington (diciembre 2003), el ministro José Pampuro se entrevistó con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien le consultó en forma muy directa y sorpresiva si la Argentina deseaba permanecer como «aliado extra OTAN» de los Estados Unidos dado que si esto incomodaba a nuestro país, la situación sería «fácilmente revisable». La cancelación de una serie de ejercicios militares bi y multilaterales (de los cuales el Aguila III fue el que mayor eco despertó en la prensa) vino a completar un panorama cargado de dudas.

Es casi imposible pensar que en la próxima conferencia de Monterrey (enero 12/13) pueda suceder algo «dramático» en términos bilaterales; por el contrario, si ambos presidentes se encuentran a solas, la imagen para la foto será de cordialidad y entendimiento. Es más que probable que, siguiendo lo que ya es costumbre, trascienda luego en nuestra prensa la recia y firme postura del «Presidente K», quien derrotó por nocaut a G.W. Bush. La realidad puede ser un poquito diferente: difícilmente se acerquen al país inversiones significativas de los Estados Unidos. Es poco probable que EE.UU. uti-lice capital político para presionar al FMI a favor de la Argentina nuevamente. Estados Unidos va a urgir en pro de un arreglo con los tenedores privados de la deuda en default. El juez Griesa, de Nueva York, continuará con los procedimientos jurídicos que pueden significar que el próximo 29 de enero se resuelva el primer embargo internacional contra la Argentina. La posible visita del presidente Kirchner a La Habana, de concretarse, será otro mojón en la toma de distancia entre ambos países. La inmejorable relación entre Estados Unidos y Chile y los sólidos acuerdos políticos entre el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva y George W. Bush van condenando a nuestro país a una creciente irrelevancia.

La llamativa coincidencia entre las declaraciones del embajador Roger Noriega durante su discurso del día 6 de enero y los conceptos vertidos por el embajador John Maisto (representante de los EE.UU. ante la OEA) no es un dato menor al momento de evaluar si constituyen o no una expresión cabal de la política hemisférica de la actual administración en Washington.

En síntesis, los gobiernos pueden tomar los rumbos y decisiones que estimen prudentes; lo que no se puede obviar es pagar la cuenta al final de la comida.

(*) Periodista y presidente del Centro de Estudios Hemisféricos Alexis de Tocqueville.

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