18 de julio 2003 - 00:00

No ignorar que otro es el "key country"

Con sigilo, propio de la CIA y la SIDE, se anticipó el encuentro entre George W. Bush y Néstor Kirchner, inicialmente marcado para la primera semana de setiembre. Discutir quién modificó la fecha parece un dato para el cotilleo periodístico. Más clave parece, en cambio, saber de qué hablarán los dos mandatarios. En principio, una sola cuestión para el meeting: la económica, por disposición norteamericana y por encima de lo que Kirchner prepare como agenda mediática para el público local. Como la distracción que hizo saltear normas diplomáticas, en Londres, al introducir la cuestión de Malvinas sobre la cual regresa hoy sin ninguna novedad y con obvia piedad de los británicos. Gestos sólo para la tribuna, ya que no hay un argentino superior a otro por el hecho de que uno hable de la reivindicación. La cuestión es descubrir el mejor método para recuperar las islas.

Vasto será el terreno económico (deuda, FMI, ALCA, eventualmente), ya que temas políticos o militares tal vez queden censurados. Pasan por otro destino y, si Kirchner desea enterarse, tal vez deba viajar a Brasilia, no a Washington. En esa tierra está la nueva representación. Ya lo anunció Bush la semana pasada en el continente africano: «Así como Sudáfrica es nuestro referente en esta parte del mundo, Brasil lo es en América latina». Definición y concesión de «key country», regreso a un concepto bioceánico si se quiere que reivindicó Henry Kissinger en aquellos odiosos años de los '70: Brasil al Atlántico y Chile al Pacífico (en rigor, una historia de la política exterior de EE.UU.). También podría resultar enojoso para Bush hablar de una de sus prioridades estratégicas, Colombia y su plan militar, ya que la Argentina no tiene fronteras y la reacción de Kirchner puede resultar impredecible. Como cuando Raúl Alfonsín lo trató de retar a Ronald Reagan por el tema de Nicaragua. Todo lo contrario ocurrió con Lula, quien al día siguiente de visitar los Estados Unidos ya desplegaba tropas sobre la línea divisoria con los colombianos. Nadie sabe si hizo bien, sólo que aplica un criterio de seguridad.

La reciprocidad Brasilia-Washington es obvia y de repercusión europea. Le molesta a Kirchner, claro, quien le advirtió a Lula en esa reunión de exclusivos progresistas que no se sabe cómo consideran al resto del mundo. Allí, el santacruceño le dijo a su colega: «Si seguís así, vas a terminar como Menem». Tal vez los oídos de Lula, contra esos reproches, se gratifiquen con otras premoniciones o seguridades. Hace pocos días, justo cuando él, el chileno Ricardo Lagos y Kirchner recorrían Londres y Madrid en jornadas diferentes, se conoció esta definición: «Lagos y Lula son nuestros aliados, por lo tanto, son aliados del Reino Unido». Ni una mención a la Argentina, tampoco a Kirchner. Más confirmaciones: el acuerdo que firmó

Chile con España de nación más favorecida supone unas ventajas impositivas que bien desearían tener otros vecinos. Es un dato que, al menos, la Cancillería debería observarlo, como revisar la prédica de que hay confrontación de intereses entre norteamericanos y europeos, información que al menos ignora el reciente viaje de José María Aznar a California (fue ovacionado, además) y el próximo a la Florida. Allí van inversiones españolas, se constituyen joint-ventures, filiales, igual que en Brasil y ciertas naciones de Centroamérica, mientras se sabe que tal vez disminuyan -por exagerada exposición-las que ya se hicieron en la Argentina.

• Deseo central

Justo es admitir que a Kirchner también sólo le importa la cuestión económica: requiere un acuerdo con el FMI o una refinanciación -tal vez su deseo central, para dilatar y ganar tiempo- más o menos perentorio, vital para renegociar la deuda externa (al menos, para discutir en mejores condiciones con los acreedores). Le corresponderá a él, dentro de su estilo desafiante, agresivo, encuadrarse o no en ese esquema de favores que reciben Chile y Brasil (no vaya a ser que Brasilia empiece el año próximo la negociación con el ALCA, sin avisarle a nadie y anticipándose un año a los plazos). Por ahora camina distinto de Lula, lo hace parecer reaccionario y hasta lo asusta ese esquema de tasas de interés altísimas y control inflacionario, mientras en la Argentina se fuerzan a la baja para mejorar ventas o transacciones con el dólar (para que no caiga demasiado) al tiempo que la expansión monetaria es de todos los días y por el momento no afecta seriamente el costo de vida. Son esquemas distintos, imperfectos, amenazados ambos. Sólo que uno, al menos, podría disponer de recurrir a cierta asistencia externa, ya que algunos países importantes se dicen amigos.

Hay quienes pregonan buena voluntad de Kirchner con EE.UU., a pesar inclusive de ciertas declaraciones ya formuladas. Se ofrece como señuelo un decreto (todavía no se firmó) para tratar con inmunidad a los militares de EE.UU. en la Argentina, algo así como si fueran empleados de la embajada. Una impunidad de 007 que, en otros tiempos, hubiera sido objetada con escándalo por parte de los sectores que hoy apoyan a Kirchner. Tal vez esa medida constituya una primera asimilación, o tal vez no sea nada, ya que ciertas convicciones --parafraseando al Ejecutivo-no quedarán en los escalones de la Casa Blanca. De cualquier modo, él debe saber que viajar por primera vez a EE.UU. no es lo importante; lo que vale es que después lo inviten los próximos años. Lo cierto, para Kirchner, es que sin vociferar tanto, inclusive oponiéndose a la guerra de Irak, como hizo Chile, Lagos y el propio Lula, han conseguido más beneficios para sus países.

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