Los «clamorosos» echarán mano a todo el marketing disponible en stock -carteles, pintadas, calcomanías y hasta junta de firmas- para sembrar la sensación de que en la calle se palpa,
Pero la proclama pública direccionada e interesada es sólo una capa del cascarón: apenas con hurgar un poco brotan otros elementos, más o menos válidos, que se potencian o anulan entre sí:
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