2 de abril 2008 - 00:00

Otro discurso de Cristina en defensa de sí misma. Marcó adversarios y llamó a un pacto

El gobierno exhibió ayer en la Plaza de Mayo todo lo que pudo reunir para mostrarle fuerzas al público, que lo ve comprometido en la puja que se distiende con el campo. Cerca de 45 mil participantes, entre ellos funcionarios y allegados al oficialismo como sindicalistas, piqueteros y algunas figuras simbólicas -Hebe de Bonafini por caso- escucharon un discurso de Cristina de Kirchner que no aportó más que adjetivos a la defensa de su gestión,cuando los activistas del campo sólo rechazan una medida de alza de retenciones. De paso, acumuló críticas a adversarios viejos y nuevos. Entre los primeros está la prensa, a la que quiso castigar por no informar lo que pasa. Ilustró ese exceso al acusar a un dibujante de lanzarle un mensaje « cuasi mafioso». Entre los nuevos adversarios están quienes, sostuvo, dicen representar a sectores populares pero defienden los cortes, una alusión tácitaa legisladores como Carlos Reutemann y Roberto Urquía o al gobernador Juan Schiaretti. También llamó a un «acuerdo del bicentenario» para el cual quiere sentar a todos los sectores el próximo 25 de mayo. Hubo folclore peronista y del otro. Hasta algo de jarana. Guillermo Moreno lo paró antes del acto a Néstor Kirchner y le preguntó por sus preocupaciones. «Lo único que me preocupa es Racing», le contestó.

Del acto en la Plaza: Guillermo Moreno discutiócon Martín Lousteau sobre la salida dePedro Troglio de Independiente. Los camionerosdesplazaron a piqueteros de D’Elía dela Plaza, pero no del palco. Hugo Moyanoarrastró sus peleas personales.
Del acto en la Plaza: Guillermo Moreno discutió con Martín Lousteau sobre la salida de Pedro Troglio de Independiente. Los camioneros desplazaron a piqueteros de D’Elía de la Plaza, pero no del palco. Hugo Moyano arrastró sus peleas personales.
El gobierno echó ayer el resto en su puja con sectores del campo que rechazan con un paro el alza de las retenciones a la exportación de granos, al juntar en la Plaza de Mayo el arco más amplio de simpatizantes. No más de 45 mil personas que no llenaron el lugar al que convergieron sectores irreconciliables entre sí, pero que se acercaron a dar el apoyo a la segunda presidencia Kirchner.

Empleó como último recursola compañía de Néstor Kirchner, con quien llegó al escenario y juntos saludaron al público; el gobierno confía en estas imágenes como una manera de reforzar la autoridad de la Presidente, algo que para otros observadores entienden la disminuye más por presentarla como dependiente de su cónyuge.

Cristina empleón en un discurso de 30 minutos, Cristina de Kirchner enumeró a sus adversarios: los nostálgicos de la última dictadura militar, los medios a los que acusó de deformar la información sobre el conflicto, algunos sectores del peronismo que adhieren a la medida (inconfundible referencia a gobernadores como Juan Schiaretti o los legisladores Carlos Reutemann y Roberto Urquía) y, claro, los chacareros que ayer cumplieron el día 20 de su protesta. Como propuesta central del discurso, la Presidente llamó a que el próximo 25 de Mayo todos los sectores del país, partidos, organizaciones, empresarios, sindicatos, concilien posiciones en lo que llamó «El acuerdo del bicentenario». Esa fue la única novedad de la actuación presidencial que en lo demás repitió los latiguillos de los otros tres discursos que pronunció en una semana sobre la crisis agraria. Insistió en pedirles a los huelguistas que levanten el paro, sabiendo que es una factura de fácil liquidación: hoy se decide la continuidad o no de la medida de fuerza, algo que ya habían anunciado el fin de semana las entidades que nuclean a los quejosos agricultores.

  • Estética

  • Como en todos los actos masivos del gobierno, la organización cuidó las formas. Se evitó el choque entre sectores enfrentados, como piqueteros y sindicalistas; éstos ocuparon la primera línea dejando en un segundo plazo a los primeros, pese a que Luis D'Elía se exhibió desde el palco junto a las autoridades. La estética de la presentación de la Presidente buscó connotar la gravedad de la crisis: traje sastre gris, fondo negro y una voz con la cual Cristina de Kirchner buscó acercarse a los tonos crispados y atiplados con que entonaba sus discursos Eva Perón.

    En busca de captar la benevolencia del auditorio, que en su mejor momento no superó las 45 mil personas llegadas en su mayoría del conurbano en centenares de micros que interrumpieron el tránsito en el centro de la Capital Federal, la Presidente apeló a los lugares comunes de que es mujer y que todo le cuesta más. Ironizó con el tópico de que la protesta agraria es una respuesta a su triunfo electoral y también un rechazo de sectores minoritarios a la política de derechos humanos del gobierno.

    Estas tretas retóricas las coronó con un gesto que no estaba previsto: Hebe de Bonafini subió al escenario y le entregó su pañuelo oficial de «madre». La prisa del acto impidió saber cuál de los varios pañuelos le regaló Bonafini a Cristina de Kirchner, ya que la titular de la Fundación Madres de Plaza de Mayo usa varios, diferenciados además por la ocasión de su uso (los tiene de gala con bordado y pespuntes, de paseo, de ceremonia y para uso diario y doméstico). Esa ceremonia fue presentada por los dos caricatos oficiales del gobierno, Coco Silly y Daniel Aráoz, que intentaron armar un show. Los corrió la amenaza de lluvia como al resto de los asistentes, que comenzaron a subirse a los micros aun cuando Cristina de Kirchner no había terminado de hablar.

    En el arranque del discurso, la Presidente buscó apoyo en su condición de mujer y de debutante en el gobierno. «Nunca vi tantos ataques, nunca tantos insultos», clamó, «a cien días de haber asumido el gobierno. Mi pecado continuóha sido ser elegida en elecciones libres, populares y democráticas». Y por ser mujer remató en este primer tramode su actuación. Recordó que en febrero de 1976 hubo un lockout patronal que precedió al golpe de Estado del 24 de marzo, buscando seguramente algún parecido entre aquellos tiempos y la huelga del campo. Debió cuidar la metáfora con algún retoque porque dicho así la equipara a ella con «Isabel» Perón y su tumultuoso gobierno. No es cierto el parecido entre los dos paros, como tampoco entre ella y la viuda de Perón.

  • Crítica

    Infaltable la crítica al periodismo, demonio de todas las presentaciones de los Kirchner en su batalla eterna por imponer «su» relato por sobre los del periodismo, a los que siempre buscan deslegitimar. Concentró el fuego en el monopolio «Clarín» y en su dibujante Hermenegildo Sábat, que la caricaturizó ayer con una cruz sobre los labios. «En aquellos tiempos avanzaban con tanques, ahora avanzan los generales multimediáticos». Sábat sería uno de ellos por representarla como amordazada, dijo, para no decir alguna verdad. «Es como si yo no pudiera hacer algo. ¡Siempre he cumplido mi deber!». Ni Sábat, que es un artista, debe saber bien qué quiso representar en esa imagen perturbadora. Por lo menos para el gobierno. Llegó a acusarlo de dirigirle a ella un «mensaje cuasi mafioso».

    La prensa, claro, muestra una sola parte de la verdad. «Me insultan y me agravian. Si les hace feliz agraviarme, agrávienme, pero dejen las rutas», clamó. «A quienes tienen la responsabilidad de informar, no dividan a los argentinos por color de piel; queremos estar unidos y trabajando», agregó en frase que debería adoptar también su comunicador oficioso, Luis D'Elía, que proclama, en nombre del oficialismo, consignas racistas y discriminatorias.

    De aquí pasó al castigo a la propia tropa que dice representar sectores populares pero adhieren al paro, alusión tácita a las posiciones de Reutemann, Urquía y algunos gobernadores, como Schiaretti (ausente), o los que fueron llevados por la fuerza, como Celso Jaque o Mario Das Neves.

    Insistió en que el rechazo de los sectores medios que respaldan a los ruralistas es además porque el programa de su gobierno es la inclusión social, una mejor distribución del ingreso y la defensa de los derechos humanos. «Estoy orgullosa de la vigencia de los derechos humanos, por primera vez en mi país», afirmó. Una exageración para un país en donde hubo juicios a los comandantes e indemnizaciones a las víctimas de la represión clandestina del terrorismo.

    La novedad del llamado a un «Acuerdo del Bicentenario» a todos los sectores del país el próximo 25 de Mayo resultó un poco confuso. Para algunos, esconde el relanzamiento del demorado acuerdo social, uno de los planes que arrastran los Kirchner desde hace dos años. Para otros, es una frase retórica que usa la evocación del pactismo exitoso de, por ejemplo, España en los años 70. La confusión surge de la contradicción de las palabras de la Presidente sobre el significado de la celebración del Bicentenario. En un momento pareció que había algo que festejar, pero después afirmó que en 2010 terminarían 200 años «de fracaso».

    Sobre el final, buscó de nuevo la contradicción. Con voz tensa, gestos vehementes y tono dramático, dijo: «No tenemos por qué estar enojados y crispados, nos está yendo bien. ¡Alegría! ¡Mucha alegría en el corazón!.
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