No se licuó la tensión ni el temor, pero Hugo Moyano cree que la peor parte de la embestida para desplazarlo de la jefatura de la CGT quedó atrás. Así y todo, el camionero admite que las acechanzas seguirán y que, a futuro, esa pulseada volverá a instalarse.
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Además de resistir la ofensiva interna, Moyano logró cristalizar el apoyo del gobierno que ayer lo ratificó como «su» interlocutor gremial: junto a Omar Viviani, el camionero se reunió anoche durante 30 minutos con el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
Fue su primera incursión por la Casa Rosada luego de los desmanes del 17 de octubre.
Anoche, los voceros oficiales afirmaban que se trató de una visita sorpresiva.
La charla se diluyó en formalismo -dejaron la presentación judicial que «Las 62» hizo en la Justicia por los incidentes- pero la reunión en sí es todo un mensaje político: supone un gesto de solidaridad y defensa de Kirchner hacia el jefe de la CGT.
Más tarde, tras despedir a Moyano, Fernández se reunió con el Presidente. De ese modo, el respaldo que se insinuó la semana pasada, en Mar del Plata, cuando Ricardo Jaime se mostró junto al camionero, ayer se terminó de sellar y explicitar.
Que Moyano haya tenido que esperar 20 minutos para ingresar a la Casa Rosada o que Fernández lo haya sometido a una «amansadora» de un cuarto de hora, son apenas anécdotas que el gobierno vestirá de destrato.
Interpretación
A una semana del caos de tiros y pedradas en San Vicente, el moyanismo interpreta que el momento crítico se superó. A horas de que el 17 corra sangre en la quinta que habitó Perón, el bloque que comanda Luis Barrionuevo planeó una avanzada para tumbar o limitar a Moyano.
De arranque, fijó que ese movimiento se concretaría en una reunión del consejo directivo prevista, informalmente, para ayer. Como se sabe, Moyano suspendió esa cumbre. Según quien haga el poroteo, no llegaba o le sobraba el quórum para manejar la agenda.
«Si hubiesen tenido el número, podrían haber autoconvocado el consejo directivo», aseguró ayer uno de los caciques que le dio su respaldo a Moyano. Fue un mensaje sin intermediarios dirigido a Barrionuevo, gestor de la rebelión contra el camionero.
Es cierto, también, que si el moyanismo estaba seguro de que controlaba la mayoría del consejo directivo -que tiene 25 lugares, y requiere 17 para sesionar y tomar resoluciones-, podría haber realizado el encuentro e imponer su postura. No lo hizo.
Con ese primer nubarrón superado perdura todavía el pronóstico de tormenta, pero todo indica que la disputa quedó congelada hasta nuevo aviso. En rigor, según decían ayer en la CGT, recién en 15 o 20 días podría realizarse la postergada reunión de consejo directivo.
Hay una previsión más larga y, por tanto, menos consistente: opacada la rebelión post-17, la pulseada se demorará hasta después de la discusión salarial del año próximo y tendrá como eje la confección del nuevo mapa de la CGT cuando haya que elegir nueva conducción.
Entre la maleza de las declaraciones y las amenazas se entrevé un anexo interesante: Moyano tiene mandato hasta julio de 2008, pero es probable que deba anticipar para el año próximo la discusión sobre su continuidad en la cima de la central de Azopardo.
En el equilibrio frágil y volátilde la CGT debe considerarse un elemento: Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UPCN), socios tácticos de Moyano con enlaces directos en la Casa Rosada, desistieron de plegarse a la maniobra de Barrionuevo contra el camionero.
Ese dúo, que con sarcarsmo suelen definir como «moyanismo crítico», hubiese sido determinante si aceptaba plegarse a «los luisitos» para arrinconar al camionero. Pero no ocurrió y no debe despegarse ese movimiento de los intereses particulares de la Casa Rosada.
Una lectura posible es la que hacen, desde la semana pasada, los kirchneristas que frecuentan la CGT: Kirchner no tiene un «reemplazo» al cual recurrir si quiere desprenderse de Moyano. Es tanto una fortaleza del camionero como una debilidad del patagónico.
En el moyanismo agitan ese fantasma. «Estamos entrando en un año electoral y se viene la discusión salarial: ¿el Presidente va a cambiar de camino en la mitad del río?», se preguntó, interesado y casi amenazante, uno de los dirigentes que estuvo el lunes en la CGT.
Ese mismo concepto retumba entre los «gordos» que reniegan de Moyano pero dudan de las ventajas de iniciar una cruzada contra el camionero en la medida en que éste tenga la protección de la Casa Rosada.
La quietud de esos actores es lo que induce a Moyano a creer que lo peor ya pasó aunque, por las dudas, les pidió a sus socios que permanecieran atentos y en sus trincheras.
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