Como si fuesen extranjeros, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner -gestor uno y continuador el otro de los subsidios para piqueteros-se colgaron ayer de las críticas que el obispo Jorge Casaretto hizo al reparto de esos planes alertando que promueven «la vagancia». «Lo comparto», dijo, escueto, el patagónico. Más explícito, Duhalde atacó a los caciques Luis D'Elía y Raúl Castells -que días atrás se trenzaron con amenazas violentas-como si él nada tuviera que ver con el poder que actualmente ostentan esos dos comandantes piqueteros. D'Elía, como Kirchner y Duhalde, también amaneció amnésico. A pesar de que su tribu, la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), encabeza el ranking de planes recibidos con 50 mil cupos, el dipu-piquetero dijo que Casaretto «tiene razón» y que «si no hay contraparte, se produce eso: vagancia y abandono». A su turno, el álter ego radial de Kirchner, Alberto Fernández, aportó lo suyo. «Un plan que no tiene contraprestación de trabajo es casi una dádiva estatal», dijo el jefe de Gabinete, otro que despertó iluminado por la observación del titular de Cáritas. Curiosa la reacción oficial. Kirchner les abrió varias veces la puerta de su despacho a piqueteros de tono origen y color, les concedió nuevos subsidios y hasta los encolumnó (a D'Elía, al menos) detrás de su proyecto político. Ahora emula a Casaretto para demonizar a sus aliados.
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Todavía más insólito es lo de Duhalde. Fue él, con Graciela Camaño como ministra de Trabajo, quien engendró en mayo de 2002 el plan Jefas y Jefes de Hogar; fuera del gobierno presume que la crisis de los piqueteros se irá resolviendo a partir de promover «el desarrollo y el trabajo». Casaretto habla con autoridad: preside Cáritas, una de las mayores redes sociales que funcionan en el país, e integra el Consejo Consultivo que funciona en el Ministerio de Trabajo para controlar los 2,2 millones de planes que el Estado entrega a desocupados.
Anteayer, dijo: «Si la asistencia del Estado no tiene una contrapartida laboral, lo que fomenta es la cultura de la vagancia y la dejadez». Inauguró, con sus declaraciones, un debate que intencionalmente o no Duhalde durante su interinato y Kirchner desde que asumió en mayo pasado, gambetearon. Refiere a cómo, quiénes y a través de qué vía, se concedenlos subsidios de 150 pesos a desocupados.
Del universo de beneficiarios del plan, de acuerdo con la estadística oficial, 80% cumple con la contraprestación que fija el decreto de creación del programa. De todos modos, es uniforme la sospecha de que muchos subsidios son manipulados con sentido político. Es un clásico admitido por algunos jefes de clan, por caso, que los grupos piqueteros «rescaten» un porcentaje de los 150 pesos para «manutención» de la organización que gestionó la entrega del plan.
También lo es que hay intendentes, concejales y caciques gremiales que distribuyen los programas con la lógica de punteros políticos, para financiar sus estructuras. En el Ministerio de Trabajo se apila una colección de denuncias por supuestas irregularidades en la entrega de los planes que, en algunos casos, fueron giradas a Tribunales para iniciar una investigación judicial. En eso, Buenos Aires, reducto duhaldista, es tierra fértil: según la Comisión de Denuncias de los Programas de Empleo del Ministerio de Trabajo (CODEM), la provincia que gobierna Felipe Solá concentra 53% de las 4.775 denuncias efectuadas entre junio y octubre de este año.
En tanto, Mendoza se ubica en el segundo lugar con 7,6% y Córdoba completa el podio con 2,8%.
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