El intendente de Lanús, Manuel Quindimil, Chiche Duhalde y Graciela Giannettasio: verticalismo bonaerense hacia el gobierno de Kirchner.
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El otro detalle que reveló las conversaciones entre Kirchner y su antecesor en la residencia del embajador en España es que la operación de desembarque del gobierno nacional en un distrito será ahora reorientada hacia la Capital Federal. El ministro de Infraestructura, Julio De Vido, se comunicó con por lo menos tres importantes dirigentes del PJ porteño para anunciarles lo que se había convenido en Madrid: «Cristina no irá a la provincia sino a la Capital, el año que viene».
Uno y otro dato, el enfriamiento de las expectativas de Aníbal Fernández y la posibilidad de que la senadora por Santa Cruz pase a desarrollar su carrera entre los porteños, reordenan todo el juego político que se sugería hasta ahora en la interna metropolitana del PJ.
Que Kirchner evalúe jugar su ficha más valiosa, su esposa, para la pelea capitalina se explica en varios factores. El principal, que el desafío en la Capital es el más importante al que debe hacer frente el elenco de poder actual para el año próximo. En principio, porque se trata de un distrito-patrón para el tipo de mercado electoral al que apela la Casa Rosada: una derrota ante la clase media urbana, laboratorio principal de todos los experimentos de centroizquierda en el país, no equivale a resbalar en otro terreno.
La posibilidad de un revés no debería descartarse. El gobierno deberá sobreponerse a dos candidatos importantes el año próximo, cuando se discutan las diputaciones nacionales. Elisa Carrió, quien encabezará la lista del ARI y Mauricio Macri, quien tiene prácticamente decidido competir como primer candidato de Compromiso para el Cambio (Horacio Rodríguez Larreta (h) presidiría la oferta
Postular para este desafío a la esposa del Presidente introduciría un orden implacable en las arenas movedizas del oficialismo porteño. En primer lugar, obligaría a acatar esa decisión a algunos de los aspirantes a encabezar el proceso electoral. Allí está Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, por más que resulte dudoso que se lanzara a la arena el año próximo y no en 2007, cuando se discuta la sucesión de Ibarra en el Ejecutivo. Más doloroso sería la postulación de Cristina para el vicepresidente, Daniel Scioli: ahora deberá tomarse realmente en serio su último producto de marketing, la propuesta de darle racionalidad a la administración del Senado (debería cuidarse precisamente de la información que manejan algunos amigos de Ibarra, que siguen de cerca sus movimientos en el manejo de esa casa). Scioli había asomado la cabeza en la pelea porteña y hasta ensayó hace 15 días un acuerdo con Alberto Fernández para conseguir un lugar en la reanimación del PJ porteño. Ahora tendrá que disminuir la velocidad si no quiere chocar de nuevo con los Kirchner. Para otros dirigentes arraigados en el distrito, como Miguel Angel Toma y varias vertientes más del PJ que confluyeron en las listas de Macri en las elecciones pasadas, la noticia de un desembarco de Cristina Fernández no podría ser peor.
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