2 de diciembre 2005 - 00:00

Panorama y actos

Néstor Kirchner recicló a Chacho Alvarez y posiblemente haga algo similar con Eduardo Lorenzo Borocotó porque su vida como tránsfuga en el Congreso puede transformarse en un infierno. Lo haría después que asuma y cuando pueda darse el lujo de renunciar. Una representación ante la Organización Mundial de la Salud puede ser amparo para este médico pediatra de escaso tino político. En cuanto a Chacho Alvarez, le llegó la hora de viajes, de tener de nuevo autos oficiales, chofer, alfombras rojas y volver a fotografiarse con grandes de la política sudamericana, como cuando él en realidad lo era como vicepresidente de la Argentina. Ser «presidente» o «secretario» del Mercosur, como se sabe, no es más que un cargo burocrático pero, eso sí, para pasarla bien con casa en el barrio uruguayo de Carrasco, luego de exorcizarlo de duhaldismo o alquilar otra, y oficinas cómodas en Montevideo.

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La confirmación de la mayor parte del equipo económico de Roberto Lavagna -menos Guillermo Nielsen, Eduardo Pérez y Leonardo Madcur- por parte de la ministra de Economía, Felisa Miceli, ciertamente terminó de calmar a los mercados. Pero más aún hizo por la tranquilidad que el presidente Néstor Kirchner se expresara con suavidad esta vez en relación con precios e inflación en Casa de Gobierno al hablarles a los intendentes bonaerenses. En realidad se dirigió al público televisivo porque el Presidente necesita siempre presencia de algún auditorio en vivo para expresarse, sea los que le convoca el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, o los vecinos que le reunía su hermana Alicia, desde Desarrollo Social, en actos a favor cuando en ellos anunciaba siempre obras e inversiones desde el Estado.

Estas minirreuniones son para Kirchner el calmante para su sueño, aún pendiente, de llenar de gente vociferante una Plaza de Mayo, un estadio de River, de Vélez Sarsfield, una Plaza de los Dos Congresos, estadio de Ferro Carril Oeste (adonde convocaban siempre los radicales porque, además, está en zona de clase media donde tuvieron más eco), Luna Park, estadio de Obras, Federación de Box, un cine Gran Rex, teatro común (generalmente el Coliseo), polideportivo. Esta es la tradicional «medición de popularidad» que nadie patentó pero que conocida, es clave e ineludible para políticos y artistas en la Argentina. Estos últimos tienen la posibilidad de repetir y los políticos no. Por caso, aún son récord los famosos «13 Luna Park seguidos» del trágicamente fallecido cantor cuartetero y popular Rodrigo Bueno.

En este «termómetro» de adhesión de masas la escala mayor es la que nunca se menciona por inalcanzable: «llenar una avenida 9 de Julio» y no la punta norte hasta llegar a Libertador, como hacía el músico Zubin Mehta y algunas veces Mariano Mores, sino con centro y palco en el Obelisco y hacia ambos extremos, sur y norte, y para ambos lados de Corrientes. La primera vez que fue «llenada» -más de un millón de personas- fue el 22 de agosto de 1951 en acto que se llamó «Cabildo abierto del Justicialismo» y allí Eva Perón, a once meses de su fallecimiento, pronunció el histórico discurso donde anunció su renunciamiento a acompañar a su esposo, el general Perón, como vicepresidente para las elecciones que el militar ganaría el 11 de noviembre de 1951.

Las dos veces siguientes que se logró «llenar la avenida 9 de Julio» fue hace 22 años, cuando en 1983 el Justicialismo proclamó, en medio de gran fervor por el inminente retorno a la Democracia y ante una verdadera multitud, su fórmula presidencial Italo Luder-Deolindo Bittel. En ese momento el dirigente justicialista Herminio Iglesias, caudillo de Avellaneda, quemó el cajón que simbolizaba al radicalismo. Pocos días después, aunque nadie lo suponía pero tocados por el gesto de Herminio, la Unión Cívica Radical logró similar multitud para proclamar su fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez. Tanta gente insinuaba el triunfo, que sobrevendría luego en urnas para el ansiado retorno a la Democracia, en el mayor acto público que se recuerde del centenario partido en toda su historia. Fueron las últimas grandes concentraciones políticas de la calle.

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Kirchner para actos no confía nada más que en su entorno de la Casa de Gobierno y en su hermana con anuncios convocantes de gente beneficiada. Una vez aceptó una convocatoria en calle de sindicalistas adictos frente al Congreso tras pronunciar un discurso inaugural de las sesiones y sólo le reunieron 8.000 simpatizantes pese al gran despliegue de colectivos contratados. Por lo mismo, el Presidente le atendía el teléfono cada vez que lo llamaba a Juan Carlos Blumberg tras observarlo llenar con más de 160.000 personas esa misma Plaza de los Dos Congresos más otros actos con 100.000 personas en el resto del país. Pero en la tradicional «escala de valoración de popularidad» Kirchner ha logrado varios « polideportivos», algún «estadio de Obras» y poca concurrencia en un espacio amplio en el acto de la ESMA, lejos de las grandes concentraciones populares que caracterizaron siempre al peronismo al cual pertenece, o perteneció, y no lo logra siendo presidente de la Nación desde hace dos años y desplegando una política distribucionista. «Una Plaza de Mayo» alguna vez hasta alcanzó el periodista Bernardo Neustadt (aquella su recordada «Plaza del Sí»).

Cuando la Historia estudie, decantada, la época política actual probablemente se profundice el análisis sobre cuánto influyó en el desarrollo del país en estos años y su proyección hacia el futuro el hecho de que el matrimonio Kirchner no posea carisma político. Desde el desmadre en el uso de fondos públicos para compensar, a la consiguiente consecuencia inflacionaria,pasando por los desbordespopulares percibiendo la población esa carencia de los gobernantes, se verán las consecuencias de esta sólo aparente nimiedad política de la falta de atracción popular del hoy ocupante de la Casa Rosada.

También se observará cuánto le deberá la subsistencia de la democracia a ese hecho palpable de no imantar a las masas para que no se repitieran, como con Juan Perón, atentados a las formas republicanas que tanto caracterizaron a aquel líder, sobre todo durante los 4 primeros años, cuando tuvo en su gobierno tanto dinero (acumulado por ventas externas sin importaciones durante la Segunda Guerra Mundial) como Néstor Kirchner ahora. Ya en 1950 Perón lo había malgastado casi todo.

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Pero volviendo a las expectativas, ex equipo de Lavagna,más la ministra Miceli recibiendo informes técnicos de alto vuelo para procesarlos para el verdadero ministro de Economía, el propio Presidente y éste suavizando sus embates, son una combinación que calma los mercados. Sin embargo, es un esquema de mucho cuidado porque tiene fragilidades. A las fuerzas productivas, salvo por excepciones lógicas de beneficiarios, no les gusta este gobierno. No saben qué hará cuando su suavidad y uso de técnicas no ortodoxas para combatir la inflación, pero legales y sin extremismos hasta ahora, le puedan provocar algún tropezón. Nadie cree que Kirchner se haya curado de su agresividad aunque puede tomar calmantes permanentemente. No se ignora que hay una economía aquietada con subsidios ni que, de la forma como se quiera encarar la lucha antiinflacionaria, hay que frenar el gasto público porque es imposible seguir con los grifos abiertos de los fondos del Estado en populismo prolongado hasta las elecciones presidenciales de 2007. Pero hoy la Argentina es demasiado rentable -financieramente mucho más que empresarialmente- como para no tomar otro tipo de calmantes, éstos contra las dudas y los apresuramientos. Hay que esperar. Hoy las cosas no están mal.

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