Demuestra que tampoco leyó que, aisladas, como las tiene la Argentina, las fábricas de pasta celulósica no son tan tóxicas, ni parece haber leído que en Europa se permite a cada fábrica aislada producir, por el daño ambiental, un máximo de 700.000 toneladas y que juntas la finlandesa Botnia y la española ENCE producirán en Fray Bentos 1.500.000 toneladas, algo que puede provocar grave daño a las poblaciones argentinas y uruguayas cercanas. Asegura que «Uruguay dice que las papeleras tienen muy avanzada tecnología y no contaminante». La verdad es que Uruguay expresó que no tiene ningún estudio serio de que tremenda cantidad de producción de celulosa en base al blanqueo con bióxido de cloro en una sola zona no sea contaminante. Si hubiera un estudio así -como el que va a hacer ahora el Banco Mundial- no existiría un problema insoluble entre ambos países y pasaría a ser el capricho político de alguna de las dos partes. Lo peor del columnista, ayer, fue cuando dice por los entrerrianos que claman por su salud futura amenazada, ya que pueden bajar defensas inmunológicas y resultar afectado el aparato reproductivo (el informe de Greenpeace lo señala) que en esa provincia Inclusive se ha contratado a destacados abogados argentinos especializados en este tipo de defensa. Para cerrar un día nefasto, el columnista le atribuye en el comienzo de su nota el «río inmóvil» a Jorge Luis Borges cuando es de Eduardo Mallea, precisamentepor décadas jefe del suplemento literariode «La Nación».
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