ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

14 de diciembre 2007 - 00:00

Para Cristina, "domar" a Moyano es prueba de poder

ver más
Hugo Moyano, junto al jefe del SUTEP, Miguel Angel Paniagua, y a Gerónimo «Momo» Venegas, de UATRE, durante un acto en la CGT donde evitó repetir sus advertencias contra Cristina de Kirchner.
Cristina de Kirchner terminó de definir el rol que tendrá Hugo Moyano en su universo político. Como Néstor Kirchner encontró en Eduardo Duhalde a quien demonizar y vestir de portador de todos los pecados, la Presidente seleccionó como contrincante al jefe de la CGT.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Su marido tuvo, es cierto, varios enemigos catárticos: la «vieja» Corte Suprema y la cúpula de las FF.AA. Pero la embestida contra Duhalde fue su posgrado como retador; el duelo que lo coronó jefe. O, al menos, barrió a quien le hacía sombra.

Ese mismo esquema planea repetir Cristina. La dama entiende que el desafiante camionero la fuerza a pulsear y que esa confrontación, que supone extensa y ardua pero exitosa, será su prueba de poder. Sólo entonces, cavila, se habrá graduado de presidente.

La bravuconada de Moyano, a 24 horas de la asunción del nuevo gobierno, fue el primer estertor de esa batalla en gestación. Al bucear en el pasado cercano asoma como indicio y argumento una añeja reserva de la Presidente respecto de los modos turbios del camionero.

El brumoso crimen de Abel Beroiz, tesorero de Moyano, potenció el recelo. Habían sumado millaje los episodios violentos que motorizaron dos socios del camionero: Omar «el Caballo» Suárez, del SOMU, en el casino flotante, y el taxista Jorge Viviani, en la Legislatura porteña.

A su modo, Cristina parece desempolvar los fundamentos que durante el bienio de Fernando de la Rúa usó Patricia Bullrich como ministra de Trabajo para emprender una cruzada contra los gremialistas. A «la Piba» la aventura no le salió bien. ¿Tendrá Cristina mejor suerte?

  • Tres veces, no

    De las múltiples fábulas que se construyeron en torno a la reunión que el viernes pasado mantuvieron la Presidente y el jefe de la CGT en Olivos trascendió el dato de las tres negativas que explican el porqué de la reacción de Moyano contra Cristina.

    1 - Moyano le pidió a la Presidente un «gesto explícito» de apoyo a su continuidad como jefe de la CGT en la elección de autoridades programada para mediados del año próximo. La mandataria le dijo no. Lo mismo, para barrer toda duda, repetiría en su discurso de asunción cuando dijo que no llegó a presidente para intervenir en « internas sindicales».

    2 - Tocado, el camionero se animó a advertir, además, sobre las inconveniencias -y los riesgos-de otorgarle eventualmente la personería gremial a la CTA. Sobre el punto le reclamó a la electa certezas de que eso no ocurrirá. Ella, otra vez, le dijo no.

    3 - Ya escorado, el jefe sindical expresó su preocupación sobre una supuesta conspiración político-judicial para involucrarlo en la investigación por el crimen de Beroiz y hasta habló de que querían ensuciarlo con una citación judicial. Pidió alguna garantía de que eso no ocurrirá. Como Pedro, la Presidente lo negó por tercera vez. Después de esa ráfaga de negaciones, lo conversado antes sobre el pacto social y el lugar que a la CGT le corresponde en esa historia resultó, para Moyano, irrelevante. Nervioso y molesto confió en que horas después habría un contramensaje, más conciliador.

    Cuando el domingo apareció por la Casa Rosada para participar de la firma de creación del Banco del Sur se encontró con que le relataron el mismo libreto. Esa misma tarde puso en marcha el operativo para que su gremio y sus aliados no concurrieran a la plaza.

    Fue más lejos: trató de que otros sindicatos se ausenten de los festejos por la jura de la Presidente. Lo consiguió a medias: a camioneros se sumaron taxis de Viviani, los portuarios de Suárez, y Juan Carlos Schmidt y una ristra de gremios de baja gama.

    Sin embargo, consiguió que dos socios ocasionales como la UTA de Roberto Fernández y la UOM de Antonio Caló se plieguen al «vaciamiento» sindical de Plaza de Mayo. Ese elemento, Moyano lo usó luego para relativizar la necesidad de un guiño oficial a su reelección.

  • Ecuación

    En CGT hacen números y afirman que con el bloque moyanista les alcanza para garantizar la continuidad de su jefe. En otras oficinas sindicales niegan esa ecuación: plantean que Moyano necesita, para reelegir, que el gobierno le acerque a algunos gremios.

    No se trata de los «gordos» ni de Luis Barrionuevo, enfocados en combatir al camionero. Pero las buenas artes de Alberto Fernández y Julio De Vido, respectivamente, lograrían que UPCN de Andrés Rodríguez y UOCRA de Gerardo Martínez avalen la continuidad de Moyano.

    Rodríguez y Martínez conforman un dúo con fluidos lazos con la Casa Rosada, ajenos al trato personalísimo que Moyano tuvo los últimos años con Néstor Kirchner. A su vez, el jefe de UPCN y el de la UOCRA, junto con el metalúrgico Caló, figuran como posibles sucesores del camionero.

    Y si los gestos son indicativos, la ausencia de De Vido y de Carlos Tomada en un acto que Moyano encabezó ayer en la CGT fue sintomática. Por ese, el camionero empezó la charla disculpando «a Julio» que «está de viaje» y a Tomada que andaba enredado en un conflicto con pesqueros.

    Antes, al mediodía, la «mesa chica» de la CGT también fue un festival de butacas vacías: Moyano estuvo con Caló, Schmidt, Gerónimo Venegas (UATRE), José Luis Lingieri y Amadeo Genta ( municipales), pero ni Martínez ni Rodríguez aparecieron por la sede de la UOM en Lugano.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias