La izquierda presume de tener el mejor olfato para detectar a amigos y adversarios en la pelea política. Interesa, para comparar con los otros análisis que se han hecho sobre los cambios en el gabinete de Néstor Kirchner, la opinión del órgano de prensa del Movimiento Socialista de los Trabajadores, una de las ramasdel trotskismo argentino. La nota editorial de su última entrega intenta negar la percepción de algunos de que el nuevo gabinete tiene un fuerte acento de centroizquierda. Veamos los párrafos principales del texto que lleva el título «Se fue Lavagna, sigue el doble discurso».
La renuncia «echada» de Lavagna no ha sido bien recibida popularmente. Aunque lo quieran disimular, el hecho de no haber podido evitar ese brusco cambio significa una minicrisis política en el seno del gobierno y del PJ, que muestra dificultades políticas, económicas y sociales.
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La caída de Lavagna se produce en momentos en que viene creciendo la inflacióny los conflictos sindicalespor el salario. El aumentode la inflación, fundamentalmente de los productos de primera necesidad, como la carne y los lácteos, se ha convertido en un problema político para el gobierno. Lo desgasta y además incentiva los reclamos y la lucha salarial. O sea, crece la conflictividad social, cuando el gobierno y las patronales quieren parar los aumentos en los salarios, porque les hace bajar la tasa de ganancia.
El gobierno, después de las elecciones, intentó concretar una especie de « pacto social» entre la patronal y la burocracia sindical, y no pasó de una reunión entre la UIA y Moyano.
• Ajustes
Lavagna era consciente de que ciertos ajustes había que hacer. Por ejemplo, no manejaba el gasto presupuestario de De Vido, quien podría estar pagando de más en las obras públicas de su área, dándole un uso políticoa su abultado presupuesto a favor de los planes electorales de Kirchner, o podría otorgar demasiadas concesiones (obras sin licitar, créditos baratos) a algunos grupos económicos ligados al gobierno, como Techint. No se trataba de que hubiera diferencias de fondo en el plan económico entre Lavagna y Kirchner. Los dos acordaban en su política ante el FMI, la deuda, las privatizadas y, fundamentalmente, en no ceder aumentos a los estatales y docentes. Así se había fijado en el presupuesto enviado al Congreso. Las diferencias eran parciales. Lavagna insistía, por ejemplo, en no ceder en el aumento del gasto público para beneficiar a determinados grupos patronales en detrimento de otros. Se dice que la denuncia del Banco Mundial contra las constructoras argentinas, de la que se hizo eco Lavagna, buscaba la entrada de empresas extranjeras.
La jugada posiblemente esté orientada hacia la preparación de la reelección de Kirchner en 2007. Un gabinete que tenga una forma más populista, aunque siga, en lo económico, el plan de las multinacionales y de la gran burguesía nacional. En este marco no se pueden descartar medidas cosméticas y de cierto impacto como en derechos humanos se dio con la ESMA o bajando el cuadro de Videla. U otras medidas parciales en el plano económico.
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