Quizá por eso, y porque le fascinan el tumulto y los aplausos, Chávez pidió expresamente que le organicen una recorrida, con acto incluido, en el astillero. Allí se quedó más de lo previsto a pesar de que, por la noche, Entre citas de
De paso por la Argentina, donde permaneció sólo siete horas, Chávez se convirtió en una especie de
Pero el paraguas chavista no está blindado: al menos, no fue suficiente para amortiguar los silbidos con que los trabajadores saludaron a los intendentes de la zona. En ese ranking ingrato, la «pole position» fue para el platense
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