Realizará hoy la primera prueba de vuelo un avión Pucará de la Fuerza Aérea movido por biocombustible. Se trata de un biojet a base de aceite de soja que impulsa una de las dos turbinas de la aeronave de combate. El vuelo experimental del Pucará IA-63 con combustible a base de aceites vegetales, en este caso de soja, se realizará en el Aeroparque metropolitano, y los buenos resultados obtenidos en una prueba anterior en Córdoba generaron euforia en los especialistas, que le auguran un futuro auspicioso.
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Milagros de la imaginación en tiempos de escasez de presupuesto ya que los fondos estatales para operación de las aeronaves de combate son los más bajos de las últimas décadas a pesar de las retenciones que llenan el Tesoro. Aunque nadie lo reconozca, el proyecto de biojet del Pucará parece estar enrolado en el entendimiento que habían firmado Brasil y los Estados Unidos de crear un mercado global de biocombustibles con normas y patrones uniformes.
Los aviadores militares no tendrán capacidad de combate real pero sí se alinean con la política de las ligas mayores como no podía ser de otra manera para una fuerza cuyo jefe -brigadier general Normando Costantino-fue agregado en el Reino Unido aliado estratégico de los Estados Unidos. Sin pensarlo, la Fuerza Aérea se metió de lleno en la puja entre dos concepciones: el uso del combustible fósil y el alternativo de fuentes renovables. Claro que ese entredicho apunta al aislamiento de Venezuela, único proveedor de hidrocarburos de origen fósil en la región.
Estrellas
La Argentina juega un rol central en la expansión del uso de biocombustibles en el mundo, ya que es el primer exportador mundial de aceites vegetales y el segundo de maíz, insumos básicos del biodiésel y el etanol, respectivamente. El biojet del ensayo procede de la soja pero puede destilarse del sorgo y del maíz. Por ahora, las grandes estrellas de los combustibles de origen vegetal son el etanol y el biodiésel. En etanol hay dos grandes líderes: Brasil y EE.UU. En los gabinetes de inteligencia de la fuerza se vislumbra la necesidad de reducir la dependencia del petróleo que ha pasado a ser una variable de seguridad nacional. No parece casual que la Fuerza Aérea haya programado el vuelo experimental del Pucará en coincidencia con el arribo del ex vicepresidente Al Gore a la Argentina, un precursor del uso de biocombustibles. El piloto del Pucará, primer teniente Sergio Brollo, hará una serie de evoluciones con su máquina, en uno de los motores se utilizará carburante tradicional y en el otro el producto a base de vegetales. Esta investigación empírica de fuentes alternativas de energía será útil para tres comunidades: el complejo agroindustrial, el mundo militar y el científico. Lo que suceda hoy podría enriquecer a las tres: ratificará que la producción de sorgo, maíz y soja (de donde puede obtenerse el biojet) tiene aplicaciones complementarias a la alimentación, será el primer vuelo a biocombustible del Hemisferio Sur y un avance en la investigación del uso del reino vegetal para la propulsión aérea.
Financiamiento
La tobera de uno de los motores -el Pucará lleva dos turbohélices francesas Turbomeca Astazou de 1002- quemará combustible aeronáutico (JP1) y la otra «freirá» el líquido mezcla de querosén con aceite de soja. La Fuerza Aérea corre -hoy por hoysola y en la punta del pelotón mundial de desarrollo de combustibles «bio». «Volar con JP1 es prohibitivo», dijo un piloto militar de caza, un sector de la fuerza muy golpeado por los números. Esta iniciativa tecnológica cuenta con financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. También involucra centros tecnológicos universitarios y dependientes de la Fuerza Aérea Argentina. El paso siguiente es someter el biojet a otros tipos de vuelo, con más exigencias en altitud y velocidades. Y luego se buscará comprobar la respuesta que tienen aviones turbohélices y a reacción, esta es la prueba de eficiencia más exigente.
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