Una inquina aparentemente personal entre dos vecinos de La Boca, que terminó con la muerte de un piquetero, será utilizada por los activistas como disparador de un acrecentamiento de la violencia callejera. Casualmente, ese muerto tan temido ocurrió con Néstor Kirchner fuera del país, y el socio de Olivos Luis D'Elía denunció el hecho -quizá vecinal, privado, la Justicia lo dirá- como una provocación contra el kirchnerismo. Ayer, en el entierro del asesinado Martín Cisneros, se agravó el escenario con la aparición conjunta de D'Elía y el piqueduro Raúl Castells, ocupador de empresas privadas y alentador de venganzas, como la del padre del joven Diego Lucena -muerto en la bailanta de Isidro Casanova-, que amenazó con marchar con un revólver en la mano para hacer justicia por mano propia en la persona de un policía bonaerense. Desde el jueves, cuando ese hecho en la bailanta motivó el incendio de un patrullero, hasta el entierro ayer del piquetero de La Boca, se desmoronó toda la arquitectura urdida por el gobierno para contener con palabras el avance en los hechos de los activistas. Hoy el país, con el Presidente de viaje, inicia una semana donde la protesta de duros y blandos juntos aumentará hasta el viernes, cuando esperan la llegada de Kirchner al país con una manifestación de nuevo en La Boca.
El funeral del piquetero asesinado en La Boca fue la excusa perfecta para un acercamiento (muy improbable hasta hace unos pocos días) entre el piquetero blando Luis D’Elía y el duro Raúl Castells.
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Ayer, la ceremonia de despedida de los restos de Informate más
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