Ramón Puerta, Miguel Angel Toma, Julio César «Chiche» Aráoz y Roberto Lavagna.
A simple vista resaltan las presencias: Ramón Puerta en el centro, con Eduardo «Chiquito» Arnold como escolta. Pero un ojo inquieto detecta también las sillas vacías: con ausencias empezó a construirse, o a derrumbarse, el PJ anti-K que alumbró el viernes pasado.
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Como se pactó, el misionero Puerta fue ungido «canciller» del Peronismo de Pie (PdP) para que inicie, cordial, una ronda de diálogo con caciques del PJ y de otros partidos, ex presidentes y aspirantes a serlo, para anudar una sintonía entre opositores a Kirchner.
Los 698 participantes «registrados», con ochenta dirigentes sentados a la mesa grande que encabezaban el ex presidente, el santacruceño Arnold, Miguel Angel Toma y «Chiche» Aráoz, montaron la foto del PJ díscolo y detonaron la preocupación por lo que vendrá.
Sumario
Los movimientos de Roberto Lavagna y Eduardo Duhalde, el fantasma de la experiencia de Rodríguez Saá, el factor Macri y los vaivenes de El General conforman el sumario que deberá «surfear» el peronismo que amaga con desafiar a Kirchner. A saber:
La ausencia más ostensible fue la del lavagnismo. No sólo no concurrió ningún cacique poderoso del espacio: un dirigente del interior, el cordobés Humberto Roggero, confesó que el propio Lavagna lo llamó para pedirle que no concurriera al encuentro del PdP. ¿Razones? La más abonada sugiere que el ex ministro pretende ordenar al PJ crítico y por eso «atentó» contra la cumbre de Los Dos Chinos. Es decir: Puerta y Lavagna compiten por el mismo espacio y, por qué no, sueñan con el mismo lugar en la boleta. Así y todo, el jueves pasado, Alberto Coto le dijo al misionero que Lavagna está a disposición para reunirse en el marco de la ronda que encabezará el efímero ex presidente.
Así como faltó el lavagnismo, también se bajó del encuentro Francisco de Narváez, a quien reservaban el asiento que luego ocupó Arnold. El empresario, que ya lanzó su precandidatura para la provincia, envió a Carlos «Tato» Brown, pero en el PdP también le imputan haber «operado» para vaciar la tertulia. Los conspiradores advierten que De Narváez -¿sumará a Alejandra Oviedo como su operadora en Buenos Aires si, como dice, la riojana cambia de domicilio?- juega en línea con Lavagna y, como éste, también ve al PdP como un polo rival.
La misma razón alejó a los miembros de El General de la cita en Los Dos Chinos. Sólo la diputada de Morón Marina Cassese concurrió al encuentro. Pero también es cierto que existe una tensión subyacente entre De Narváez y el dúo que conforman Jorge Sarghini y Eduardo Camaño. Todos, a pesar de eso, fluyen hacia Lavagna más allá de diferencias y tensiones por protagonismo: el empresario y el ex ministro bonaerense están anotados, uno más públicamente que el otro, en la carrera por la gobernación. Otra baja fue la de María del Carmen Alarcón -y su operador en Buenos Aires, Miguel Saredi-, que negocia desde el peronismo con Hermes Binner en Santa Fe.
Como ex duhaldistas, además de los «generales», hubo otra comitiva -reducida, por no decir unipersonal-: la de Daniel «Chicho» Basile, quien, como Miguel Angel Toma, pregona la participación activa de Eduardo Duhalde en el club anti-K. Así y todo, el bonaerense evitó que su esposa Chiche participara del mitin y ninguno de sus antiguos soldados mandó, siquiera, a una tercera línea. Existe expectativa sobre la intervenciónde Duhalde, pero, en simultáneo, se observa que el ex presidente no «parece con ganas» de lanzarse a una cruzada de resultado incierto mientras otros dudan del peso del bonaerense. «En 2005, Duhalde juntó 15% de los votos que hoy son mucho menos que 10 puntos», especuló un organizador del PdP.
En el otro plato de la balanza, el viernes destacaban los gestos de Adolfo Rodríguez Saá y de Juan Carlos Romero de enviar a sus delegados Luis Lusquiños y Angel Torres, respectivamente. También hubo agradecimiento hacia Luis Barrionuevo, que cumplió con mandar al «luisito» Horacio Valdez, del sindicato del Vidrio. Y, sobre todo, el impulso de Mauricio Macri que estuvo representado por el trío de peronistas porteños que conforman Cristian Ritondo, Diego Santilli y Daniel Amoroso.
El resto del elenco que llenó la sala de Los Dos Chinos es un colectivo de peronistas que alienta cualquier armado anti-K. Son los que van a escuchar a Jorge Sobisch los que orbitan a El General y los que se relamen con las opciones Macri o Juan Carlos Blumberg. Son los que, a principios de año, participaron del acto que encabezó Adolfo Rodríguez Saá para pedir la normalización del peronismo. Esa es la preocupación de Puerta para el futuro mediato: consolidar lo reunido el viernes, por lo que, para lo que queda del año, prepara, al menos, dos actos organizado por el puertismo del grupo Nueva Generación Peronista (NGP) que encabeza Aníbal «Toti» Leguizamón, hermano de la cristinista María Laura, reciente delegada K en el Consejo de la Magistratura.
Sobre ese piso resbaladizo se deberá mover Puerta -como estrella principal del PdP-, que se reunirá con Macri cuando éste regrese de Europa, primera escala en una ronda que pasará por Sobisch y, en teoría, Lavagna, y hará intentos con la oposición para charlar con Raúl Alfonsín y Elisa Carrió, entre otros. Seguirá, se presume, visitando a Duhalde, pero esa foto, al menos por ahora, no trascenderá a los diarios.
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