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7 de diciembre 2006 - 00:00

¿Plan B? Chacho reapareció con gracias de candidato

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Chacho Alvarez, entre Luis Juez, Graciela Ocaña y Fernando Melillo -atrás Pablo Lanusse-, en su regreso a las tertulias domésticas mientras ya lo imaginan como candidato porteño.
De arranque, un salmo aclaratorio: que su presencia en el Palacio San Miguel, tribuna ayer del progresismo filokirchnerista, no implicaba un regreso a la política doméstica. Pero era, justamente, lo que en ese momento hacía Chacho Alvarez: volver.

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Graciela Ocaña, dama del conurbano que en los 90 se le apareció por el Congreso para ponerse bajo su mando -ahora protagonista top del planeta K- fue quien montó ayer la plataforma para su retorno, seis años después de dejar huérfano de vice a Fernando de la Rúa.

Además de aquel pasado, una fina similitud une a Chacho con Ocaña: son manipulados en el laboratorio Kirchner como potenciales candidatos. Lo niegan, claro. «Tengo una tarea en el PAMI», sobreactuó Ocaña. «Sólo me ocupo de integración regional», dijo Chacho. Quizá sea más auténtico.

«¿Candidato?. No, no tiene nada de ganas», dicen quienes lo escoltan en sus paseos latinoamericanos. Tentado o no a buscar una revancha, Chacho debe saber -como lo sabe el gobierno- que es una figura controversial: zigzaguea entre el descontento y un reconocimiento tardío.

Esquivo, Alvarez proyecta su estadía lejos de la Argentina, una vez que se agote su mandato en el Mercosur. Para entonces debería estar creada la oficina política de ese organismo que, todo indica, le será concedida. Suena mal decir que la arman a su medida.

Si ése es, de verdad, el plan de Chacho, poco importa en caso de que Kirchner lo quiera en alguna boleta. El caso Scioli es sintomático de cómo el patagónico desconoce las pretensiones de sus acólitos. Y el que no acata paga: Horacio Rosatti es una rotunda prueba de ello.

Con Scioli mudado a la provincia, el kirchnerismo promete apuntalar a Daniel Filmus. Pero para reforzar esa postulación todavía flaca -sobre todo si Jorge Telerman insiste en competir- circulan experimentos y uno de ellos es, obvio, la opción Chacho.

¿Para jefe de Gobierno? El ex vicepresidente se muestra activo para resistirse a retomar, siquiera, algún tipo de actividad partidaria. Ayer negó con un énfasis casi obsesivo esa posibilidad. Lo mismo hacen a su lado ante la sola insinuación sobre candidaturas.

Los frentistas (o ex) que lo conocen deslizan, sin embargo, que quizá sería menos resistida una oferta para un cargo legislativo. ¿Chacho ubicado al tope de la papeleta de senadores o diputados nacionales por la Capital? Prueba y error, especulación y ensayo.

Ocaña, que opera en tándem con Sergio Massa, de la ANSeS, pero tiene como terminal a Alberto Fernández, ingresó en la ahora voluptuosa lista de los potenciales vices bonaerenses. Aunque patalea, ese destino le simpatiza más que ser vice en la Capital Federal.

A principios de año, el plan Chacho circuló en algunos despachos oficiales. Ayer volvió cuando el ex vice participó de una tertulia donde se asociaron ex aristas como Ocaña, Rafael «Balito» Romá y Fernando Melillo con ex frentistas como Nilda Garré, Eduardo Sigal y Chacho.

Limpios de aquellos ADN, también circularon por el Palacio San Miguel el secretario de Cultura, José Nun, y el protokirchnerista Luis Ilarregui. Ocaña mostró otra medalla: como invitado de la cumbre del centroizquierda K participó el socialista Ariel Basteiro. ¿Suma aliado?

Al tren se subió, además, el cordobés Luis Juez, kirchnerista periférico, casi suplicante ayer para que no se desgarre la costura que hizo Ocaña con Melillo como edecán. A pesar de que mide mejor que los candidatos del delasotismo, Juez teme que eso no alcance.

El cordobés fue el más expresivo, pero mostró el interés de toda esa mesa por lograr copar el espacio del centroizquierda, conducto que la oposición quiere disputarle al gobierno: tanto Elisa Carrió y la UCR como Roberto Lavagna con su «centrismo progresista».

Como si hablara de otros países, Chacho manoteó el mapa regional para festejar que la victoria de Rafael Correa en Ecuador alejó el riesgo de que se amplíe el corredor del Pacífico -Colombia, Perú y Chile- pro EE.UU. y con TLC vigentes o en marcha.

Para entendidos hablaba, claro, de asuntos de entrecasa. Un reproche o un lamento: fue el artesano de un pacto progresista en los 90 y ahora que ese formato se extiende por todo el continente, el centroizquierda local mira la fiesta desde la vereda.

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