La Policía ayer en Plaza de Mayo por fin cumplió el reclamo de la sociedad de no permitir desmanes y resguardar las instituciones. Bajo Aníbal Fernández -mucho más hábil o con más poder que Gustavo Béliz-hizo repeler a los violentos con corrección y sin armas de fuego, con muchos efectivos de civil, con gases, con carros hidrantes, como corresponde. Los heridos, es de lamentar, fueron no menos de 10 abnegados policías y pasajeros del subte atropellados por enmascarados que huían a la desbandada. Pero se despejó la plaza y hubo 102 detenidos. ¿La novedad? Pecheras amarillas de piqueteros de Raúl Castells apaleando a los minoritarios pero violentos del grupo extremista Quebracho.
La Policía actuó ayer correctamente ante los excesos cometidos por activistas en Plaza de Mayo, aislándolos y deteniéndolos.
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La acción violenta de un reducido grupo de violentos de Quebracho, enmascarados, con palos y piedras en sus manos y en número no mayor a 25, Informate más
A partir de entonces, todo se precipitó, aunque no fue un gran número de activistas violentos el que se hizo presente. Aprovecharon el hueco en el vallado violado las columnas habituales de los grupos piqueteros de izquierda -Polo Obrero, MTS Teresa Rodríguez, Teresa Vive, Corriente Clasista y Combativa, Convergencia Socialista, PTS e Izquierda Unida-, en un número de alrededor de un millar de personas. Los más activos fueron los del movimiento violento de Quebracho.
Los que provocaron la reacción policial fueron precisamente los de Quebracho, ese
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