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1 de julio 2008 - 00:00

Por temor al campo, más seguridad que con Bush

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El esquema de seguridad impuesto a la ciudad de Tucumán, sede de la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur y Países Asociados resultó más rígido aún que aquél de Néstor Kirchner cuando el país recibió a George Bush en Mar del Plata, para la Cumbre de las Américas.

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Varios factores impulsaron esas medidas, el protagónico fue el conflicto del gobierno nacional con los productores rurales. En las reuniones de planificación política de la cumbre realizadas en la Cancillería se evaluó la necesidad de blindar las deliberaciones de los presidentes contra posibles medidas de acción directa de los chacareros. Pero también preocupó la tensión política de dos países: Bolivia y Venezuela, donde ya hubo señales -sean ficticias o verídicas- de ataques contra sus mandatarios.

Más aún, los diplomáticos encargados de la organización no entendieron el porqué de la elección de la provincia de Tucumán -se sabe que Cristina de Kirchner buscó una distinción política especial al gobernador José Alperovich- pues hubo que asignar varios millones de pesos para remozar fachadas de edificios en la plaza Independencia, en el centro tucumano, y también para ampliar las instalaciones de los hoteles (Catalinas Park y Garden Park ) sedes de las reuniones de los mandatarios y sus comitivas. Había otras provincias que calificaban para el encuentro con mejores condiciones de infraestructura hotelera, pero están inmersas en la puja de las retenciones con el Ejecutivo.

El diagrama de seguridad motivó un pedido a la ministra de Defensa: la participación de la Fuerza Aérea Argentina. La provincia de Tuguecumán está ubicada en esa parcela del país donde pululan pistas de aterrizaje no controladas y son frecuentes los vuelos de aeronaves furtivas. Defensa autorizó el despliegue de una sección de aviones A4-AR Fightinghawks equipados con misiles Sidewinder de última generación que habían sido adquiridos a los Estados Unidos (costaron 8 millones de dólares) para la cumbre de las Américas. A esos aviones interceptores se sumaron tres aeronaves Pucará con capacidad para neutralizar objetivos terrestres, dos helicópteros de ataque y la cobertura radar brindada por dos equipos móviles de defensa aérea Westinghouse TPS-43. Uno de ellos estaba ubicado en Resistencia y se lo trasladó a Tucumán. El paraguas radar tiene algunas brechas porque no se pudo contar con los radares del Ejército.

Dos aparatos móviles Cardion Alert Mk.II están desplegados en el Regimiento de Infantería de Monte 29, cerca de la ciudad de Formosa, pero nunca funcionaron por falta de presupuesto. Dos días antes de la apertura y hasta el cierre de la Cumbre se estableció una «zona de no vuelo» para aeronaves civiles en un radio de 200 millas con centro en la ciudad de Tucumán y sólo se autoriza el tránsito comercial. La flamante estructura de la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) conducida por Rodolfo Grabielli, que aún está en transición para tomar las funciones del Comando de Regiones Aéreas, organismo que entiende en los movimientos aeroportuarios, sien paralelo todo el armado de la Cumbre.

No sólo hay que lidiar con reglamentos y burocracia aérea sino «atender» demandas políticas de los asistentes como lo es dónde ubicar los 7 aviones presidenciales que arribaron al aeropuerto tucumano. El porte de las aeronaves hace imposible estacionarlos a todos en esa pista y se recurrió a alternativas. No fue fácil convencer a Hugo Chávez, quien exageró la comitiva con 5 vuelos oficiales previos y un ejército de guardaespaldas más el armamento y la munición, que debía aparcar su aeronave presidencial en el aeropuerto Pajas Blancas de la provincia de Córdoba. El bolivariano ventajeó a los otros mandatarios, fletó también un jet Falcon 900 de las fuerzas armadas, de pequeño porte, para garantizar su regreso directo desde Tucumán y el gobernador Alperovich, solícito, le facilitó un hangar del gobierno provincial. Menos exigente, el brasileño Luiz Inácio da Silva, aceptó la terminal de la ciudad de Salta.

Normas de protocolo y urbanidad aconsejan evitar murmuraciones por cuestiones de cartel, luego Cristina resolvió que el único aparato que hará noche durante la cumbre en la pista tucumana será el T-01. El género tiene sus privilegios, ¿qué dirá Michelle Bachelet?

El interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Marcelo Saín, puso un hombre de su confianza de la Subintervención Preventiva al frente del megaoperativo en las pistas: el vicecomodoro Fabián Drovandi, un experto en situaciones de crisis derivadas de tomas de rehenes, secuestro de aeronaves o de cualquier otro tipo de evento crítico.

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