Que las autoridades de la Argentina y de Chile admitan la verdad de que no somos un país gasífero sino «con gas», es decir con un recurso no eterno y en volúmenes inferiores a los grandes productores del mundo, es positivo. Que dos presidentes se sienten hoy a ponerlo por escrito ayuda a creer que las cumbres y visitas de mandatarios -un género de la política muy devaluado- sirven para algo. Las exportaciones de gas a Chile serán el centro de la visita por 26 horas que inicia hoy al país Michelle Bachelet. La Argentina se comprometerá a cumplir los contratos vigentes de provisión del fluido a aquel país pero en cuotas decrecientes hasta el año 2010, que es cuando se cortarían definitivamente. Algo de realismo como solución a un dilema serio porque la Argentina está atada a compromisos que su situación gasífera le impide cumplir sin resentir su base productiva. ¿Es realista que a cambio se le ofrezca a Chile sumarse al proyecto del gasoducto que traería gas desde Venezuela hasta el vértice sur del continente, una iniciativa que hoy no pasa de ser una idea en una carpeta?
Gran parte de los acuerdos que Bachelet y Kirchner presentarán hoy se basa en obras públicas de integración física. Habrá inversiones por más de 500 millones de dólares.
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El tercer tema que quieren cerrar los dos países durante la visita de Bachelet a la Argentina es el pedido chileno para permitir la expansión de la aerolínea LAN dentro del territorio local, lo que sería aceptado por el gobierno de Informate más
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