3 de abril 2007 - 00:00

Prefirió pasar el día con Cristina en El Calafate

Faltaban 15 minutos para las 11 cuando personal de ceremonial de Presidencia lo oficializó: Néstor Kirchner no había abordado en El Calafate el Tango 01 con rumbo a Ushuaia para presidir el acto por los 25 años de Malvinas, que encabezaría Daniel Scioli.

A esa hora, el Presidente permanecía en su casa de la villa turística con su esposa, Cristina Fernández, su secretarios y un grupo de amigos y colaboradores, entre ellos el ahora empresario mediático Rudy Ulloa Igor. Con ellos compartió un almuerzo liviano.

A la mañana, Kirchner viró su atención a Santa Fe y a Entre Ríos, zonas golpeadas por la inundación. Allí permanecían su hermana Alicia, el ministro Ginés González García y el operador logístico de la ayuda para los evacuados, el funcionario de Desarrollo Social, Sergio Berni.

Durante el fin de semana, Kirchner siguió al detalle los pormenores de la tragedia en esas provincias. La calma, según el tester presidencial, retornó ayer al mediodía. En ese momento, en Ushuaia, ex combatientes y familiares de caídos reclamanban y lamentaban su ausencia.

No hubo un argumento preciso sobre la decisión presidencial de no participar de un acto clave: los 25 años desde el desembarco, el 2 de abril de 1982, en las islas, hecho que marcó el inicio del único conflicto armado del que participó el país en el siglo XX.

Se dijo que Kirchner se retiró a descansar: fue, en rigor, un fin de semana largo. Se afirmó también que no quiso priorizar a ningún acto de ex soldados -hubo eventos en todo el país-. Pero el factor más sólido fue el temor de Kirchner a las protestas gremiales.

Con Tierra del Fuego en tensión sindical y política -en junio se elige gobernador y hay tres sectores en disputa: Cóccar-Bertone; Daniel Gallo y el radical Jorge Martín lo que alteró el ánimo de Kirchner, evasivo ante cualquier grito de desaprobación.

La desintonía política no era tan grave. En 2006, Kirchner participó de la inauguración de un monumento a los caídos en Neuquén, acto del que participaron grupos antagónicos, pero esa diversidad ideológica no contaminó la ceremonia.

Los veteranos fueguinos llegaron, incluso, a mediar ante los jefes de los gremios estatales de Tierra del Fuego para comprometerlos a no protestar durante el acto. Lo lograron pero a Kirchner no le alcanzó. Hay una razón menos pública: autosuficientes,los veteranos suelen encargarse de la organización de los actos, lo que incluye, entre otros aspectos, la seguridad. Kirchner no quiso delegar en los ex soldados ese aspecto sensible.

El costo fue alto: evitó un actividad histórica al delegar, por temores precarios, casi infantiles, su representación en Scioli. Quizá fue más simple: un enjuague político sólo orientado a darle pantalla a su vice, candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires. La agencia «Télam» distribuyó una sola foto del vicepresidente, y no en actitud de hablar al público.

Es más. Aunque quedó clara la postura oficial, expresada por Scioli en torno al reclamo de soberanía y al pedido de diálogo con Gran Bretaña, no tuvo el mismo impulso en boca del vicepresidente que la que hubiese tenido, hacia adentro y hacia afuera del país, en la de Kirchner.

Hasta «Canal 7» lo estimó así: como el Presidente no encabezó el acto, a pesar de haber enviado a un equipo especial a Ushuaia, continuó con su programación -un magazine con intentos de humor de Mex Urtizberea-y sólo le dedicó unos pocos flashes informativos.

Sin embargo, lo trasmitieron en directo TN, Crónica y, sorpresivamente, CNN en español y TVE.

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