El senador Ramón Puerta, repuesto de un oportuno ataque de asma que le permitió al duhaldista Eduardo Camaño conducir el país durante 24 horas clave, estará hoy en el Salón Blanco a mediodía para asistir a la asunción de Eduardo Duhalde. Reaparecido tras su renuncia a la Presidencia del Senado, el misionero estará en la Capital para responder a dos ofertas. La primera se la hizo anoche el nuevo presidente y es convertirse en el canciller del nuevo gobierno. La segunda la acercó un grupo de legisladores y es que siga siendo presidente de la Cámara alta.
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La composición que se hacen los senadores del peronismo que quieren que Puerta siga siendo el virtual vicepresidente es que su salida del domingo permitió la transición hacia el mandato provisional de Duhalde. Si Puerta hubiera permanecido a cargo del Poder Ejecutivo, hubiera producido un cisma en el frente de gobernadores que hubiera potenciado la posición rupturista de José Manuel de la Sota. Dicho de otra manera, con Cama-ño a cargo del Poder Ejecutivo, el duhaldismo pudo cerrar la elección de su jefe con el dominio total de la transición.
• Opción preferida Esta opción a seguir a cargo del Senado es la que parece preferir el legislador y coordinador del Frente Federal de mandatarios del PJ. Ser canciller, cree, lo expondría en un doble juego: haber facilitado la salida de Adolfo Rodríguez Saá para luego sentarse en el gabinete del sucesor Duhalde. Cree que potencia más su perfil político ser el hombre que pacificó el gozne entre los dos últimos presidentes. Duhalde habló ayer varias veces con Puerta, a quien le insistió en la conveniencia de subirse al gabinete. El misionero ha sido miembro de la comisión de Relaciones Exteriores como diputado y siempre ha alentado una trayectoria internacional. Quiere seguirla, pero como senador.
Desde esa silla en el Congreso, Puerta aspira a recrear además el frente de gobernadores peronistas que ha quedado trizado tras la epopeya de uno de sus miembros más conspicuos, la presidencia por una semana de Adolfo Rodríguez Saá. Ayer ese sector de gobernadores estuvo negociando posiciones en la Capital Federal junto al trío de las grandes provincias con el ascendente Duhalde. No estuvieron, sin embargo, sus conductores: Rodríguez Saá estaba en San Luis, Juan Carlos Romero en su casa y Puerta en la suya. Tampoco el referente distante de ese grupo, Carlos Menem, quien también miró por televisión la jura como presidente al hombre que en 1999 había perdido en todas las provincias, salvo Buenos Aires, Misiones y Santiago del Estero, frente a Fernando de la Rúa.
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