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3 de abril 2014 - 16:33

¿Qué dice la exhortación apostólica firmada por Francisco sobre la seguridad?

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El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se refirió hoy a la Exhortación Apostólica hecha por Francisco a fines del año pasado al momento de emparentar el pensamiento del Papa con la política de seguridad del Gobierno nacional. 

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Ese documento titulado "Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium", al que aludió Capitanich, es el primer documento oficial de Francisco, ya que la encíclica "Lumen Fidei" fue escrita en colaboración con su predecesor, el papa Benedicto XVI. 

Una Exhortación Apostólica es un documento por el cual el Papa comunica a la Iglesia las conclusiones de un Sínodo. El último fue el que se realizó en octubre del año pasado sobre la nueva evangelización, del cual no se había hecho una Exhortación Apostólica, porque Benedicto XVI renunció antes de hacerla.

Por eso, Francisco decidió escribir Evangelii Gaudium, en la que habla sobre la evangelización en general, añadiendo lo que se trató en el Sínodo, para tener un "hermoso documento", en palabras del Papa, para acabar el Año de la Fe. 

Capitanich leyó una parte de la Exhortación Apostólica, precisamente los artículo 59 y , titulados "No a la inequidad que genera violencia". Y dicen textual:

"Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad -local, nacional o mundial- abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas". 

"Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países -en sus gobiernos, empresarios e instituciones- cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes". 

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